Jueves, 07 de abril de 2011

Domingo XXIX T. Ordinario. Ciclo C

Ex 17, 8-13; Sal 120,1-8; 2 Tim 3,14-4,2; Lc 18,1-8 ?

?

?

?En aquel tiempo, Jes?s, sobre la necesidad de orar siempre sin desfallecer, les dijo esta par?bola: Hab?a un juez en una ciudad que ni tem?a a Dios ni le importaban los hombres. Y una viuda que sol?a ir a decirle: Hazme justicia contra mi enemigo. Por alg?n tiempo se neg?, pero despu?s se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me est? fastidiando, le har? justicia, no vaya a acabar rompi?ndome la cara.

Y el Se?or a?adi?: Fijaos en lo que dice el juez injusto. ?No har?, Dios, justicia a sus elegidos que le gritan d?a y noche?; ?o les dar? largas? Os digo que les har? justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ?encontrar? esta fe en la tierra?

?

?

La primera lectura del libro del ?xodo relata que ?En aquellos d?as, Amalec vino y atac? a los israelitas en Rafid?n. Mois?s dijo a Josu?: Escoge unos cuantos hombres, haz una salida?? (17,8-13).

?

Los amalecitas, descendientes de Amalec, nieto de Esa? (Gn 36,12.16), pueblo n?mada, dominaban el sur de Cana?n hasta las fronteras de Egipto; este Amalec, enemigo tradicional de Israel, es un pueblo vagabundo del desierto que se dedicaba a la rapi?a. El viaje del ?xodo por el desierto, tras la salida de Egipto, representa la amenaza del hambre, la sed y la guerra.

Mois?s, alzando el bast?n de Dios, consigue la victoria. Los triunfos no se deb?an a sus manos ni a su ej?rcito, sino a la ayuda y al poder del Se?or: ?Nosotros invocamos el nombre del Se?or, Dios" (Sal 20,8). Por eso, porque era un triunfo de Yahv?, despu?s de la batalla, Mois?s mand? levantar un altar y le puso por nombre "Yahv?-nisi", "la bandera de Yahv? en la mano".

En la historia de la ex?gesis, los jud?os y tambi?n los primitivos cristianos aplicaban este texto a la oraci?n. Su radical verdad es la comunicaci?n entre Dios y el hombre. Esta historia, con el gesto de los brazos levantados en alto, simboliza la victoria de Jesucristo sobre el enemigo del hombre.

?

El Salmo responsorial canta: ?El auxilio me viene del Se?or, que hizo el cielo y la tierra. Levanto mis ojos a los montes: ?de d?nde me vendr? el auxilio? El auxilio me viene del Se?or, que hizo el cielo y la tierra. El Se?or te guarda de todo mal, el guarda tu alma; el Se?or guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre? (120,1-8).

?

En la segunda lectura el Ap?stol a Timoteo le pide: ?Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de qui?n lo aprendiste y que desde ni?o conoces la Sagrada Escritura; ? proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir? (3,14-4,2).

?

San Pablo le exhorta a la fidelidad en la transmisi?n de lo recibido. Se trata de que respete la tradici?n oral recibida de sus maestros. La ense?anza de un ap?stol se apoya ante todo en la Escritura. Timoteo ha de dedicarse a la proclamaci?n de la Palabra. Es urgente hacerlo; conjura a Timoteo por la parus?a misma, a que intervenga y que lo haga con celo y ah?nco, denunciando el mal, reprochando, exhortando, pero con paciencia y con pedagog?a. El cristiano no tiene que inventar el fundamento de su fe, sino atenerse a la predicaci?n recibida de Jes?s y dada por el Se?or. Por ello, la Sagrada Escritura es la base fundamental, en ella est?n los principios esenciales del ser cristiano; su finalidad es salvar m?s que informar. La providencia de Dios en la salvaci?n, como la cuentan las Escrituras y que culmina en Cristo, es el amparo y sost?n de la fe y la esperanza del cristiano.

???????? El consejo de San Pablo sobre la prioridad de las Escrituras en la preparaci?n y la ense?anza del predicador y ministro encaja muy bien con el movimiento b?blico actual. Las Escrituras encierran una eficacia por s? mismas: no s?lo proporcionan un conocimiento filos?fico o c?smico, sino una "sabidur?a", anclada en la "fe". La Escritura es regla de la fe, pero, es la lectura de los "signos de los tiempos" lo que desentra?a toda su actualidad. Pues, cuando se lee con fe y desde la fe en Jesucristo, la Sagrada Escritura es sabidur?a de Dios que conduce a la salvaci?n. Es, pues, normal que quienes hacen profesi?n de instruir a los dem?s se apoyen sobre las Escrituras en sus tareas docentes, ya se trate de la didascalia, de la apolog?tica o de la ?tica. La importancia de la transmisi?n correcta de la doctrina exige que se haga vida. El predicador debe, soslayar la doctrina y entrar en la vivencia de ella. Insiste m?s en aspectos pr?cticos, algo que, en much?simas ocasiones, falta en la iglesia contempor?nea, dirigida m?s a la teor?a y que a la pr?ctica.

???????? San Pablo pasa a enfocar el futuro y sus peligros: herej?as y corrupci?n de la doctrina, apostas?as y persecuciones, signos, seg?n ?l, del combate decisivo entre el bien y el mal. Preocupado por su disc?pulo le manda que huya de los herejes (2 Tm 3,1-9), que lo imite a ?l y siga su doctrina (2 Tm 3,10-14); que se instruya tambi?n en la Sagrada Escritura; y, "equipado" de esa forma, hable "a tiempo y a destiempo". Estos vers?culos son los m?s expl?citos del N.T. en torno al alcance y al valor de las Escrituras

?

El santo evangelio seg?n San Lucas se centra hoy en la importancia y la necesidad de orar. El mismo San Lucas inserta la interpretaci?n de la par?bola propuesta por Jes?s. La insistente petici?n de una viuda termina por hacer que un juez inicuo le haga justicia (18,1-8). La insistencia en pedir justicia es el punto nuclear del texto; la idea es hacer ver lo necesario que es pedir y rogar a Dios siempre, sin cesar.

???????? El texto repite por cuatro veces la expresi?n "Hacer justicia". La viuda, cansina y machacante, se presenta cada d?a y le dice: Hazme justicia. Hay aqu? resonancias del antiguo problema opresivo de Israel: ?He visto la opresi?n de mi pueblo en Egipto, he o?do sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos y he bajado a liberarlos? (Ex 3,7-8). Los dos textos, ?xodo y Lucas, son muy semejantes. Ponen en consideraci?n un Dios atento y cercano. El Dios de la Biblia no est? lejos y desentendido del hombre; es un Dios, Padre, amable y amante, entroncado en la maravillosa labor creativa y renovadora del hombre. Un Dios part?cipe que se interesa por la vida humana y est? comprometido con la historia de la humanidad.

La par?bola exhorta a los disc?pulos de Jes?s a caminar con plena y total confianza en Dios, a actuar con decisi?n, a marchar firme sin dudas ni detenciones. El seguidor de Jes?s debe saber y sentir que Dios lo ama, que no lo deja solo, a pesar de su silencio; que, con su providencia, vela por ?l en todo momento, cuando se ve oprimido y perseguido por causa del Reino. Por eso, en la necesidad, su oraci?n es la plegaria, el grito, la s?plica del perseguido por el Reino que establece Jesucristo. Lucas transmite un Dios de acci?n, de camino y lucha; un Dios, Padre, pr?ximo y entra?able, propenso a atender y hacer justicia al que vive desechado en el desprecio y el olvido; un Dios que jam?s defrauda al que sufre y est? sometido. Ser seguidor de Jes?s significa, vivir la Paternidad de Dios, desde la esperanza en su Divina Providencia.

Orar con perseverancia no es la repetici?n de f?rmulas hechas y palabras ajenas; es la oraci?n del coraz?n en el encuentro silencioso y filial con la verdad de Dios que nos oye y acoge, nos revela nuestra propio ser y la condici?n humana. Esta es la oraci?n indispensable y necesaria, porque refuerza y madura la fe y la vida. La oraci?n fortalece la vida cristiana, que consiste en la certeza de alcanzar la plenitud y la a?oranza m?s ?ntima y verdadera, a pesar de todas las dificultades y contradicciones que dificultan el vivir. En la esperanza que respeta el "tiempo de Dios" y mientras se esfuerza, ora y trabaja para que llegue, que se abra el tiempo de paz y justicia. Si la oraci?n tiene tanta importancia, no nos extra?emos de la ausencia de Dios y de la radical injusticia que corroe una sociedad que no reza ni cree.

La par?bola describe muy bien la situaci?n de la ?poca en que la viuda realmente era el prototipo de una existencia de soledad y desamparo, y frecuente y siniestra, la figura del juez venal. Los profetas denuncian constantemente la corrupci?n de la justicia (cf. Am 5,7-12). El juez injusto no atiende a esta viuda de la par?bola, pero insiste hasta cansarlo; y cede para desembarazarse de ella, que lo que pide es justicia. As? invita Jes?s a orar a los disc?pulos, a pedir a gritos, d?a y noche, justicia. Si un juez inicuo no puede resistir la demanda insistente de una viuda desamparada, con mayor raz?n Dios, que es bueno, escuchar? a los elegidos que le piden justicia. Ahora bien, no puede pedir reiteradamente justicia a Dios, quien no trabaja tambi?n con insistencia, para afincar, en este mundo de frialdad, la justicia. El juez imp?o y arbitrario, que act?a en la corruptela y por librarse de molestias e incomodidades, hasta cansarlo, imparte su justicia, es el reverso contrario a la rectitud de Dios, que es justo, ama a los hombres y oye las s?plicas con solicitud. Si el s?lo hecho de pedir ya obliga a alguien "malo" a dar lo que le piden, que, por otra parte, no le interesa en absoluto, es imposible que Dios, que es Amor, no d? algo que le importa much?simo: Su justicia, su Reino, la salvaci?n de todo hombre. Dios escucha y hace justicia, cuando llega el momento, cuando es conveniente, a su estilo, con la resoluci?n debida y por sus caminos insondables, que posiblemente no coinciden con los c?lculos humanos. Mientras la justicia llega y se resuelve, el cristiano, confiado como el ni?o, ha mantenerse firme y fiel en su fe, sin desfallecer, sin desanimarse, constante en la espera. San Lucas es el evangelista de la oraci?n. Presenta a Jes?s orando y refiere la ense?anza de Jes?s sobre el modo de orar. Un hombre de oraci?n s?lo se hace en el Evangelio, es el que se deja llenar de fe.

Jesucristo termina la par?bola con una pregunta realista y preocupada: ?Cuando venga el Hijo del Hombre, ?encontrar? esta fe en la tierra?? Con su interrogante abierto al presente y al provenir, Jes?s impulsa al hombre a tener fe, a permanecer en la fe hasta el final. Entonces, aquel d?a del Se?or, se entender? que Dios est? en la justicia y atento al clamor de los justos, que le ruegan que act?e con presteza; se comprender? por qu? ahora calla; sabremos que nos escucha y espera su hora, para dar su respuesta definitiva. Mientras tanto, la lucha y el esfuerzo que los hombres buenos y fieles llevan sin cansancio, por el justo reparto de los bienes y una mayor justicia en el mundo es la silenciosa respuesta de Dios. El mundo vive una atroz divisi?n; sufre el dominio de los opresores, mientras, los pobres desechados y perseguidos no tienen m?s soluci?n que clamar ante su Dios a gritos en su llanto. Este hecho no es nuevo, se viene dando a trav?s de la historia del hombre. Se pensaba y se sigue creyendo, que no es posible cambiar este estado de cosas. Entonces como ahora, la soluci?n consiste en implantar el Evangelio y poner a Jes?s en las conciencias, como la fuerza salvadora de la historia; en rodear el coraz?n y el pensamiento de la sociedad desde nuestra debilidad, sin ego?smo ni jactancia con? humildad y confianza. El sufrimiento de los peque?os que llaman a su Dios se ha hecho uno con el propio sufrimiento de Cristo y ah? est? la ?nica energ?a transformante y transformadora de la humanidad en esta tierra.

?

?????????????????????????????????????????????????????????????????????????? Camilo Valverde Mudarra



Publicado por CamiloVMUDARRA @ 19:42
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios