Jueves, 07 de abril de 2011

Domingo XXVII T. Ordinario. Ciclo C
Ha 1,2-3;2,2-4; Sal 94,1-2.6-9; 2Tm 1,6-8.13-14; Lc 17,5-10

En aquel tiempo, los ap?stoles le dijeron: Se?or, aumenta nuestra ?fe. Y les contest?: Si tuvierais una fe tan grande como un grano de mostaza, dir?ais a esa morera: "Arr?ncate y traspl?ntate en el mar" y os obedecer?a.

?Qui?n de vosotros, que tenga un criado en el laboreo o en el pastoreo, le dice, cuando vuelve del campo: "En seguida, ven y si?ntate a la mesa"; sino m?s bien: Prep?rame de cenar, c??ete y s?rveme mientras como y bebo, y despu?s comer?s y beber?s t?? ?Deber?a, acaso, estar agradecido al criado, porque hizo lo que se le hab?a mandado?

?As?, pues, vosotros, cuando hay?is hecho todo lo que se os haya ordenado, decid: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que ten?amos que hacer.

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Las lecturas b?blicas de hoy invitan a meditar sobre nuestra fe. La fe exige acomodar nuestra historia a la Voluntad de Dios, reconocerlo presente, superando ese su aparente silencio, y esperar fielmente en sus designios. Creer es acoger esa fuerza de vida que da la fe, para abrirse a la irrupci?n transformante de Dios y evitar la concepci?n utilitarista de la religi?n en donaci?n gratuita y amorosa a Dios.

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En la primera lectura, el profeta Habacuc se pregunta: ??Hasta cu?ndo clamar?, Se?or, sin que me escuches? ... ?Por qu? me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y cat?strofes, surgen luchas, se alzan contiendas?? (1,2-3; 2,2-4).

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???????? Levanta su voz Habacuc, uno de los profetas m?s fascinantes del Antiguo Testamento, que fue renombrado en la tradici?n cristiana, por insertar San Pablo una frase suya, casi como t?tulo de su carta a los Romanos: ?El justo vivir? por la fe?.

???????? Habacuc soport? a?os crueles por las dificultades de su pueblo sometido. El profeta clama a Dios en apasionado di?logo, con unos interrogantes de valor universal. No entiende que el Se?or contemple tranquilamente las luchas y contiendas que sufre Israel en ese tiempo y no se resigna: ??Hasta cu?ndo Se?or gritar? sin que t? escuches? Dios le responde que piensa castigar al opresor egipcio mediante otro imperio, el babil?nico (Hab 1,5-8). Pero, los babilonios resultan tan desp?ticos y crueles como los egipcios y los asirios. Y ?l sigue en su queja. Y le lleg? la respuesta del Se?or: ?El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivir? gracias a su fidelidad (=fe)? (Hab 2,4). Los pobres vivir?n gracias a su capacidad de creer en la justa intervenci?n de Dios, a?n cuando ?ste parezca callar, y gracias a su comportamiento recto, que se opone a la violencia y a la injusticia de los opresores.

El silencio divino, que tanto ha atormentado al profeta, se rompe, al leer su escrito. El profeta y todos los ?justos? han de confiar en la intervenci?n de Dios, que no tolera a los opresores, aunque a veces parezca callar. La mayor riqueza del mensaje de Habacuc es la actitud existencial que propone y adopta: tomar en serio los signos de los tiempos, hacer de los pobres y de las v?ctimas un lugar teol?gico desde la fe, orar y dialogar con Dios en los momentos de mayor oscuridad.

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El Salmo responsorial invita: ?Ojal? escuch?is hoy la voz del Se?or: No endurezc?is vuestro coraz?n. Venid, aclamemos al Se?or, demos v?tores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia d?ndole gracias, aclam?ndolo con cantos.? Es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el reba?o que ?l gu?a? (94, 1-9).?

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En la segunda lectura, San Pablo a Timoteo le pide: ?Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un esp?ritu cobarde, ? Guarda este precioso dep?sito con la ayuda del Esp?ritu Santo que habita en nosotros? (2Tm 1,6-8.13-14).

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Esta segunda carta a Timoteo, es estrictamente pastoral, llena de ternura, serenidad y exhortaci?n a la fidelidad. Le recuerda el ?carisma? de la vocaci?n apost?lica, conferido por la consagraci?n, con ?la imposici?n de las manos?. De esta forma se ha convertido en testigo de Cristo. Es fundamental en su funci?n la conservaci?n de la fe en la palabra de Dios, testimoniada y proclamada por los Ap?stoles, una fe que se describe como fidelidad al ?buen dep?sito? o ?tesoro? (griego: parathēkēGui?o que se nos ha encomendado. La palabra griega parathēkē, de origen jur?dico, designa la Buena Nueva de Cristo transmitida y anunciada por los Ap?stoles y que es el objeto de la fe.

???????? El Evangelio no se concibe como un dep?sito doctrinal muerto o esclerotizado; as?, en esta carta, cobra gran importancia este concepto de "dep?sito de la fe", en que pone de relieve, como en Ef.y Col., la dimensi?n vital y existencial del mismo evangelio, porque, en definitiva, se trata de una relaci?n con Jes?s en la vida misma. El Ap?stol lo exhorta a aplicar las capacidades humanas, voluntarias, a la tarea de evangelizar; hay que cumplir el encargo de hacer realidad el Evangelio a lo largo del tiempo y del espacio, aunque no se puede hacer por las propias fuerzas; los cristianos, ordenados o no, son los testigos del evangelio en el mundo, ?y a todos nos incumbe.

???????? San Pablo sabe bien que es dif?cil predicar la fe en un ambiente hostil (era hacia el 64-68, persecuci?n de Ner?n) y se pone como ejemplo del cristiano que ha comprendido esto hasta dejarse encarcelar por causa del mensaje (cf.Ef 3,1;Flm 1,9). Esta clase de testimonios es la que ha mantenido la fe cristiana a lo largo de generaciones. Timoteo ha sido s?lidamente preparado para ello; es depositario de la ense?anza que ha recibido y la debe guardar y transmitir fielmente; este trabajo exige abnegaci?n, renuncia, fortaleza, sufrimiento y fidelidad al dep?sito de la fe, la cual, debiendo ser estudiada, profundizada, explicitada, nunca puede ser traicionada, ni sustituida por ideas personales que no est?n claramente contenidas en ella.

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??????????? El santo evangelio seg?n San Lucas (Lc 17,5-10) pone hoy en consideraci?n la petici?n de los Ap?stoles: "Aumenta nuestra fe". Se?or, danos fe, esperanza y caridad. ?Pedid y recibir?is?; lo que pid?is al Padre, en mi nombre se os conceder?.

???????? Jesucristo, como es habitual, no responde directamente, les propone la peque?a par?bola del "siervo, un tanto extra?a que muestra un patr?n prepotente, lleno de indiferencia y cinismo hacia sus siervos (cf. Lc 12,37). Pero, el inter?s de la par?bola no est? en el comportamiento del amo, sino en la actitud del siervo. Somete a su reflexi?n la postura del criado que recibe el encargo del due?o de la hacienda. Si obra bien y no por la recompensa, cumple simplemente su deber. De este modo, el aut?ntico disc?pulo de Cristo descubre que Dios es el Se?or y que es bueno y necesario cumplir sus mandatos. Por lo que, al final de la tarea encomendada, comprende que no puede exigirle al due?o nada. El criado que hace su trabajo, no es m?s que un pobre siervo; realiza s?lo aquello que deb?a. Jes?s pone su ense?anza en la conducta del verdadero creyente, del verdadero hombre de fe, que vive en total entrega a Dios, sin c?lculos ni pretensiones.

La par?bola establece la aut?ntica relaci?n que une al hombre con Dios por la fe, que no es la de un patr?n y un asalariado. El hombre debe donarse a Dios con amor, de modo gratuito, libre y generoso. La labor del siervo se indica con el verbo griego diakoneō, servir, que en el Nuevo Testamento se aplica al servicio ministerial ofrecido a Dios y a la parroquia. La par?bola ense?a, que quien sirve en la comunidad cristiana no debe buscar ni exigir prestigio, dignidad o jerarqu?a, por hacer su funci?n. El cumplimiento de la voluntad de Dios no es un pretexto, para reclamarle derechos ni m?ritos; s?lo, hay que actuar y ser disc?pulos.

Con esta actitud de que habla el evangelio, desaparece para siempre la concepci?n utilitarista de la religi?n. El creyente verdadero no lleva un libro con el ?debe? y el ?haber? en relaci?n con Dios, sino que celebra el gozo de la salvaci?n, que Dios quiere dar por su tarea y predicaci?n. Son muchos, y hoy, en este ambiente relativista que nos envuelve, m?s a?n, los que se acercan a Dios reclamando "justicia conmutativa". Piensan en un intercambio comercial. Dios tiene sus derechos sobre el hombre, por lo que puede imponer obligaciones y mandatos; si los cumplimos, debemos recibir la recompensa. Conciben la ley como imposici?n; suponen que el premio corresponde a las acciones realizadas y, por eso, se sienten dispuestos a exigirle a Dios la "paga". Con la postura del siervo, Jes?s les expone que, en el trasfondo, hay una aut?ntica amistad, una confianza real y verdadera. Amigo es el que ayuda al otro, sin mediar premio o recompensa alguna; la amistad no necesita leyes o mandatos; sabe lo que agrada al amigo y lo realiza, porque sabe que merece la pena y es su deber. As?, ha de ser nuestra actuaci?n con el Se?or. Atentos, descubrimos su voluntad y la cumplimos, no estamos pendientes de premio o castigo; seguros de que Dios no llega a ser nunca nuestro deudor, por m?s que tratemos de cumplir hasta el final sus mandatos.

Por otra parte, Dios, y esto es de gran importancia, no est? obligado a darnos ning?n premio, ni ha de agradecer al hombre ning?n servicio. Ahora bien, en cuanto que es amigo nuestro enciende la confianza; entendemos su providencia por nosotros, vemos que se preocupa y nos cuida y confiamos en su voluntad y ayuda. Hecho nuestro trabajo, reconocemos que "somos unos pobres siervos"(griego: douloi ajreioi), y, sin embargo, Dios se hace nuestro amigo, nos ama mucho m?s de lo que nosotros imaginamos, es Padre Nuestro. La utilizaci?n del adjetivo ajreioi, ?in?til?, no viene a definir la relaci?n del creyente con Dios, como la de un patr?n y su esclavo, sino a asegurar que el siervo, precisamente, porque se considera ?in?til?, sabe que sus obras han de rechazar toda jactancia y moverse por amor a Dios. El cristiano de verdad es un sirviente que, por considerarse ?in?til?, no se cree con derecho ni exige una especial gratificaci?n o beneficio alguno de parte de Dios y de los hambres, sino que vive y sirve sereno, feliz de poderse entregar, amar y sacrificarse por Dios y el pr?jimo, m?s all? de la formulaci?n ?capitalista? del ?dar para que me den?.

???????? Los Ap?stoles comprenden que la exigencia y el compromiso que impone el seguimiento de Jes?s, precisan el andar llenos de fe. Sin embargo, Jes?s no responde d?ndoles en ese momento una fe extraordinaria; m?s bien les inculca la energ?a infinita de la fe, que une al hombre con Dios y lo hace part?cipe de su poder creador y salvador. La imagen del ?rbol, que se traslada al mar, enraizado con resistencia, que ni una tempestad lo podr?a arrancar, indica que la fe, a?n cuando es peque?a, tiene una fuerza din?mica que logra cambiar el coraz?n y las relaciones humanas de acuerdo con los designios de Dios, as? como trasmite el poder de arrancar y mover un ?rbol o trasladar monta?as.

??? ???? La par?bola est? dirigida en particular a los ap?stoles, a los que tienen alg?n cargo de responsabilidad en la Iglesia. Ellos, los primeros, han de practicar y saber que la verdadera ?gratificaci?n? por sus servicios es precisamente su vocaci?n, la llamada a dedicarse a servir al Se?or y a los hermanos con gozo y generosidad. La evangelizaci?n no se debe transformar nunca en rutina y en deber, sino en la principal fuente de entrega y alegr?a para el ap?stol. La satisfacci?n y plenitud interior de colaborar en el anuncio del Reino es el verdadero ?premio? de quienes se reconocen y viven como ?siervos in?tiles? que simplemente ?hacen lo que deben hacer?.

Esta humildad vivida expresa que nuestra pr?ctica religiosa supera el l?mite de la ley y del derecho, del m?rito y del premio y se interesa y entra s?lo en un contexto de amor y de confianza. Por amor, hacemos lo que es bueno. Confiadamente nos ponemos al final del esfuerzo, en las manos del misterio divino, que, para nosotros, tiene los rasgos de un amigo y padre (Dios). No sabemos lo que el amigo vendr? a darnos; pero tenemos una inmensa confianza; de manera que, cuando hicimos lo que estaba encomendado, nos sentimos de verdad contentos en su compa??a. Ante un amigo que nos quiere, no exigimos, no merecemos nada, pero confiamos en su amor y estamos seguros de que nos conceder? mucho m?s de lo que cre?amos; siempre el ciento por uno, siempre en derroche, en superabundancia.

Dame, Se?or, la humildad para saber servir sin ?nfulas, con sencillez. Que crea que todo viene de tu amor gratuito, pues, soy siervo in?til; he hecho lo que ten?a que hacer.

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Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 19:35
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