Jueves, 07 de abril de 2011

Domingo XXVI T. Ordinario. Ciclo C
Am 6,1.4-7; Sal 145,7-10; 1Tm 6,11-16; Lc 16,19-31

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En aquel tiempo, dijo Jes?s a los fariseos: ?Hab?a un hombre rico que se vest?a de p?rpura y de fin?simo lino y banqueteaba espl?ndidamente cada d?a. Y un mendigo llamado L?zaro estaba a su puerta, cubierto de llagas y hambriento, quer?a? saciarse de lo que ca?a de la mesa del rico; y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedi? que se muri? el mendigo y los ?ngeles lo llevaron al seno de Abraham. Muri? tambi?n el rico y lo enterraron?

Abraham repuso: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y L?zaro, a su vez, males: por eso encuentra aqu? consuelo, mientras que t? padeces? "Tienen a Mois?s y a los profetas; que los escuchen" "Si no escuchan a Mois?s y a los profetas, no har?n caso ni aunque resucite un muerto?

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El profeta Am?s clama: ??Ay de los que se f?an de Sion y conf?an en el monte de Samar?a! Os acost?is en lechos de marfil; arrellanados en divanes, ? Encabezar?n la cuerda de cautivos y se acabar? la org?a de los disolutos? (6,1-7).

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???????? Los ?xitos del rey de Israel, Jerobo?n II, al restablecer las antiguas fronteras del reino dav?dico alimentan el optimismo y orgullo nacional; la decadencia de las grandes potencias permite a Israel vivir momentos de euforia y de prosperidad.

???????? Los caps. 3-6 de Am?s est?n formados por unos breves or?culos contra Israel con la tem?tica de los or?culos de amenaza, bajo las f?rmulas: "Escuchad esta palabra...", "Ay de los que...". Esta per?copa de hoy (6,1-7) describe, con amplitud, la conducta de los dirigentes de Israel, y acaba con un breve or?culo de condena. La voz de denuncia del profeta se alza con gran dureza contra los ricos y acomodados en el reino del Norte, ya en el siglo VIII a.C. Censura con rigor la vida de excesivo lujo que llevan las clases poderosas de la ciudad, quienes poseen ?casa de invierno y casa de verano? (Am 3,15), gozan de enseres lujosos, espl?ndidos divanes de marfil (Am 6,4) y derraman cosm?ticos ex?ticos (Am 6,6: ?se ungen con los mejores aceites?), andan en continuos banquetes de ostentosa exquisitez, vinos olorosos, danzas y m?sicas fastuosas (Am 6,5-6).

???????? Am?s ataca con implacable ?mpetu las riquezas amasadas injustamente por una sociedad enriquecida con la miseria de los m?s pobres; as? como, y es lo m?s grave, la inconciencia de estos adinerados que ?no se afligen por el desastre de Jos?, es decir, no ven su descarado ego?smo, con su holganza mundana y corrupta, est?n acarreando la ruina al pueblo pobre, a quien Am?s llama ?Jos?, el hijo del patriarca Jacob. El Reino del Norte conten?a, entre las tribus de Efra?m y Manas?s, los descendientes de Jos?; por ello, dice que "los desastres de Jos?" son aqu? las calamidades que padecen los pobres de Israel bajo la opresi?n y la indiferencia de unos pol?ticos ociosos.

Tras esta denuncia de Am?s, en el a?o 722 a.C., las tropas del rey asirio Sarg?n II derribaron el reino y deport? a sus habitantes a los campos de concentraci?n de Mesopotamia. El desenfreno y la injusticia social y econ?mica, motivo del tr?gico abismo entre ricos y pobres, desemboc? en extinci?n; la terrible realidad del destierro har? recapacitar a los que ahora desoyen las quejas de los pobres y la denuncia del profeta. El mismo Dios hablar? con hechos tremendos y pondr? fin a la org?a de los disolutos; los dirigentes de Israel ser?n los primeros en ser deportados. Inexorablemente la profec?a de Am?s, que ocurr?a unos treinta a?os m?s tarde de su predicaci?n, se cumpli?: ?Ir?n al destierro cautivos y cesar? la org?a de los holgazanes?.

??????? El Salmo responsorial asegura: ??l mantiene su fidelidad perpetuamente, ?l hace justicia a los oprimidos, ?l da pan a los hambrientos. El Se?or liberta a los cautivos? El Se?or reina eternamente, tu Dios, Si?n, de edad en edad?.

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???????? San Pablo a Timoteo le aconseja: ?Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe? (.

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???????? Para los exegetas las ?pastorales? son palabra de Dios dirigida a Timoteo, a Tito, a sus Iglesias... y por ellas a nosotros. En el texto, se llama a Timoteo "siervo de Dios" porque ha elegido servir a Dios y no a las riquezas y emplear su vida en la consecuci?n de bienes m?s altos y no dejarse dominar por el dinero; debe practicar las virtudes que regulan la relaci?n con Dios, "la religi?n", y con los hombres, la justicia, y siempre las tres virtudes fundamentales de la vida cristiana.

???????? El Ap?stol exhorta a Timoteo en esta s?ntesis de todo lo dicho anteriormente en su primera carta. El n?cleo de la exhortaci?n est? en la petici?n de que combata ?el buen combate de la fe?, con fidelidad a ?la solemne profesi?n-testimonio?, hecha delante de muchos testigos, la profesi?n de fe bautismal, que prepara a ?la manifestaci?n de nuestro Se?or Jesucristo. El que quiera alcanzar la vida eterna ha de confesar la fe, ha de bautizarse y ha de cumplir el mandamiento del amor que es el resumen de todos los mandamientos, porque sobre esto, sobre el amor, seremos juzgados cuando vuelva.

???????? La per?copa insiste en la ?sana doctrina? (1 Tm 1,10; 2 Tm 4,3...) como norma principal; precisamente la idea de la sana doctrina se halla dentro de la exhortaci?n a ?conservar el mandamiento sin tacha ni culpa?, es decir, todo el mensaje religioso de Cristo y el que manda ?guardar el dep?sito?; tal insistencia se explica bien en las ?pastorales?, por la importancia que en ellas adquiere la lucha contra la herej?a. San Pablo ve?a c?mo proliferaban las herej?as en sus Iglesias y el peligro, que conllevaban.

???????? Se contrapone la realeza de Jes?s a cualquier apoteosis humana y al se?or?o de los emperadores, porque s?lo Jes?s es el Se?or; testimonio similar al de Cristo mismo delante de Pilatos, y al del Ap?stol, que termina con una bell?sima doxolog?a en la que proclama la realeza universal de Dios, ?el Rey de los reyes y el Se?or de los se?ores?, en la confesi?n y adoraci?n del verdadero Rey de Reyes, el Inaccesible que nadie puede contemplar, a pesar de las pretensiones, que los ?gn?sticos? tienen de conocerlo (15-16): ?A ?l honor y dominio eterno. Am?n? (1 Tm 6, 11-16).

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???????? En el evangelio, San Lucas, insistiendo en la visi?n evang?lica de la riqueza, afirma, mediante la par?bola del rico Epul?n, que las riquezas obstruyen la libertad del hombre, para amar al pr?jimo y entrar en el Reino de Dios. Pone en consideraci?n el sentido ?ltimo de la vida, en referencia al gran requisito del cuido y atenci?n a los pobres, el problema del justo reparto de los bienes de la tierra.

Seg?n el concepto popular de ultratumba, el hombre va al Sheol o Hades, llamado infierno por la pr?ctica lit?rgica. Es una regi?n con varios compartimentos, los moradores se pueden ver, pero no pueden pasar de uno a otro. Los ?ngeles son los encargados de conducir a cada uno a un lugar oscuro de tormentos atroces, entre los que sobresale el fuego; o bien, al para?so, lleno de luz y con abundancia de r?os, morada de los justos. El "Seno de Abraham" significa tener un puesto de honor con Abraham en el gran banquete paradis?aco. Son visiones figurativas de una realidad ultraterrena que escapa a la experiencia humana y en estrecha dependencia, con la conducta del hombre en esta vida.

La par?bola no viene a describir la vida despu?s de la muerte; no es una promesa a los pobres de una felicidad posterior en recompensa de su pobreza ni una invitaci?n a la resignaci?n del pobre. Subraya la ca?da y condena del rico. Es la confirmaci?n grave de la per?copa del pasado domingo Lc 16, 9-13, de que el dinero enajena al hombre; rompe toda relaci?n con Dios por el uso y abuso ego?sta de la riqueza. L?zaro no es prototipo del mendigo recompensado, sino un hombre que padece y sufre, al que el rico no ayuda ni atiende. Jesucristo no indica una moral ajena a la ley y a los profetas (cf. Am 2,6-7; 4,1-5; 6,4-7; Is 58,7; Ex 22,25; Dt 24,10-13). Jes?s, censurado por su actitud frente al dinero, muestra, a los fariseos que cre?an compatibles a Dios y el dinero, que no han entendido la ley ni los profetas.

El rico est? dentro y muy c?modo; L?zaro est? fuera, desamparado y necesitado. Uno se define sentado en ?la mesa?, s?mbolo de la comodidad y de la saciedad; el otro ?echado junto a la puerta? (en griego, pyl?n, que indica el vest?bulo o portal), s?mbolo de la separaci?n y del abandono. Ninguno de los dos personajes ha sido presentado desde el punto de vista ?tico. No se tacha al rico de inmoral, ni al pobre de creyente. Por tanto, se infiere que el rico termina en el infierno ?nicamente por su vida de lujos entre sus riquezas, indiferente a la indigencia que tiene a su puerta sin ocuparse de ella. No se condena por la riqueza en s? misma, sino por el comportamiento; lo pierde el modo ego?sta de utilizarla. Entre ambos, no existe ning?n contacto en la par?bola. Los dos hombres tan antit?ticos, s?lo tienen en com?n, su destino ?post mortem?, tambi?n muy distinto, s?lo, por un instante paralelo. Es el resultado del juicio. No somos los due?os de la historia, Dios tiene la ?ltima palabra. El juicio es la fidelidad de Dios a s? mismo, esta es la conexi?n entre el texto de Am?s y el de Lucas. Ponerse al servicio del dinero, conlleva a quedarse solo consigo mismo al morir, sin el dinero y, en la penosa tristeza de la lejan?a de Dios, mientras que L?zaro sufriente, humillado y despreciado aqu?, encuentra consuelo en el seno de Abraham. El evangelio, hoy, ratifica que la historia no termina con el tiempo presente; la justicia de Dios se realiza en nuestras obras. Es Dios el que nos juzga a todos.

El rico llama ?padre? a Abraham?, lo que indica, que era un creyente del pueblo de Israel, y ser miembro del pueblo elegido no es raz?n suficiente, para alcanzar la salvaci?n. En la conversaci?n con Abraham, habla de ?L?zaro?, por su nombre, lo cual se?ala que lo conoc?a muy bien, cuando yac?a llagado y hambriento. La respuesta es tajante. Tuvo su oportunidad en la tierra; ahora, en cambio, es absolutamente imposible. La par?bola ense?a, que la generosidad y la solidaridad con los desechados de la tierra es en el hoy cotidiano del d?a presente. Es el momento de forjar y preparar el futuro de salvaci?n.

El Epul?n dice que tiene ?cinco hermanos?, cinco ricos m?s, y, claro, nunca trat? a L?zaro como ?hermano?. Su riqueza lo obnubil?, no comprendi? que todos los hombres, todos los pobres l?zaros, eran sus hermanos. Su tragedia reside en que crey? que pod?a llamar padre a Abraham, sin tratar como hermano al pobre que ten?a en el tranco de su casa. Abraham con toda contundencia dice: ?Tienen a Mois?s y a los profetas, que los escuchen?. En efecto, San Lucas, expresa que el cristiano ha de vivir pendiente de la palabra b?blica, que invita a la justicia con los pobres y denuncia la perversidad de los ricos que explotan a los m?s d?biles (Cf. Ex 22,25-26; Dt 24,17-22; Is 58,7). La escucha y, por tanto, la obediencia a ?Mois?s y los profetas?, se halla en el ?mbito teol?gico de Lucas, seg?n el cual Jes?s es el cumplimiento del Antiguo Testamento, sintetizado en la experiencia mosaica y el movimiento prof?tico. El Se?or Resucitado en el camino de Ema?s, explica su destino de pasi?n, muerte y resurrecci?n a los disc?pulos, a partir de Mois?s y los profetas (Lc 24,27.44). No hay, pues, contraposici?n entre el A.T. y la revelaci?n b?blica de Jes?s, el Crucificado Resucitado, sino una relaci?n de cumplimiento. La Escritura que manifiesta la voluntad de Dios, invita a un serio compromiso de vida en favor de los pobres. No es necesario, que L?zaro regrese. ?Si no oyen a Mois?s y los profetas, tampoco har?n caso, aunque un muerto resucite?.

Evitar el infierno requiere el cambio del modo de vivir, comprometerse y entregarse a las urgencias del m?s necesitado. La salvaci?n o condena, para?so o infierno, no dependen del estado social, est?n supeditadas al uso de los bienes, a ponerlos a disposici?n del pr?jimo, a compartir, ayudar y dar a los otros. Es atender las manifestaciones extraordinarias de Dios que nos desvelan su voluntad; escuchar y meditar con humildad la poderosa voz de la Escritura, que insta a abrir el coraz?n; a creer en un Dios Justo que no olvida el clamor y el sufrimiento del pobre; a seguir a Jes?s, junto a los desheredados; abrir el coraz?n y activar las manos ante la flagrante desigualdad. Y amar, amar a Dios y a los dem?s, siempre, aqu?, en el presente. ?Amar con largueza, ?en esto reconocer?n que sois mis disc?pulos?.

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Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 19:23
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