Jueves, 23 de septiembre de 2010

Domingo XXIV T. Ordinario. Ciclo C
Ex 32,7-11.13-14; Sal 50,3-4.12-19; 1Tm 1,12-17; Lc 15,1-32

?En aquel tiempo, sol?an acercarse a Jes?s los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: ??se acoge a los pecadores y come con ellos?

Jes?s les dijo esta par?bola: ?Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ?no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento re?ne a los amigos para decirles: "?Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me hab?a perdido. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ?no enciende una l?mpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Tambi?n les dijo: ?Un hombre ten?a dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les reparti? los bienes.

? y, el padre, echando a correr, se le ech? al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo: ? celebremos un banquete, porque este hijo m?o estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".

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??????????? LA PRIMERA LECTURA del libro del ?xodo cuenta: ?En aquellos d?as, el Se?or dijo a Mois?s: ?Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo? Acu?rdate de tus siervos? Y el Se?or cedi? en la amenaza? (Ex 32,7-14).

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???????? La peregrinaci?n siempre es dif?cil; de nuevo encontramos la impaciencia del pueblo, que espera la bajada de Mois?s, por lo que, viendo que no acaba de bajar se construye, con la anuencia de Aar?n, un becerro de oro, un dios que le interprete los diversos acontecimientos. S?lo as? el pueblo se siente seguro. A las pocas semanas de salir de Egipto, Israel ha sustituido a Dios por un ?dolo inerte. El pecado del becerro de oro no se debe entender literalmente como una idolatr?a, o sea la pretensi?n de divinizar un objeto. El toro joven, s?mbolo natural de fuerza y de fecundidad, era en el Oriente Antiguo una de las formas de representar a la divinidad. El pecado del pueblo no es ninguna apostas?a; ellos quieren seguir adorando a Yahv?, que les sac? de Egipto, pero concretado en una representaci?n.

???????? Dios informa a Mois?s de la perversi?n de su pueblo. Este pecado manifiesta, la tendencia reiterada del pueblo a rebelarse y a apartarse de Dios. El Se?or rechaza aquel acto de rebeld?a, su desv?o del camino verdadero y quiere, destruyendo al pueblo hasta consumirlo, recomenzar la historia con Mois?s: ?A ti, te convertir? en padre de una gran naci?n? ?de ti, sacar? un gran pueblo"; pero ?l no acepta esa honros?sima excepci?n y responde: "o perdonas sus pecados, o me borras de tu registro". Mois?s, sin defender ni justificar a Israel, apela al verdadero fundamento de la historia de la liberaci?n y de la alianza: la fidelidad de Dios a la promesa patriarcal y su gloria; si Dios le hace morir, quedan invalidados el juramento y la promesa hecha a los antepasados, pero la promesa debe continuar. Mois?s intercede eficazmente por ellos y su oraci?n es atendida, ?el Se?or se olvid? del mal de su pueblo?; el Israel rebelde se arrepiente y la historia de la alianza vuelve a comenzar.

???????? Mois?s es, pues, el intercesor que suplica y se solidariza, al querer correr la misma suerte que su pueblo; el aut?ntico l?der y mediador de todo pueblo es el que quiere correr la misma suerte que los suyos, sin halagos, sin excepciones. Esta per?copa que hoy se lee (vv.7-14) est? justamente entre el pecado y el castigo: la intercesi?n de Mois?s y el perd?n de Dios. Pecado y castigo tienen lugar abajo, en el campamento; intercesi?n y perd?n se realizan arriba, en la monta?a santa. Al rev?s que los demagogos, Mois?s es duro y exigente cuando se encara con el pueblo, pero lo ama, porque es el suyo, lo defiende ante Dios y rechaza la propuesta divina de exterminar a aquellos rebeldes y darle otro pueblo m?s grande y que le sea m?s d?cil (v.10; cf. Nm 14,12). Mois?s no transige con el pecado, pero ama a aquel pueblo pecador, que es el suyo.

???????? El episodio descubre una ley esencial de la oraci?n, que debe ser ante todo teoc?ntrica. Cuando un pecador se acerca a Dios en la oraci?n trata a veces de disculparse, se coloca en el centro de la oraci?n y trata de recuperar su equilibrio interior. Mois?s se sit?a de muy distinta manera en la oraci?n: contempla a Dios en su benevolencia constante, en su permanente paciencia, en su fidelidad a la alianza. Esta oraci?n es escuchada necesariamente: Dios no puede por menos de proseguir la obra de su misericordia. Orar es compartir la mentalidad de Dios. Dios no reconoce como intercesor m?s que a quien se desposa con la humanidad y se solidariza totalmente con ella, cualquiera sea su pecado. Para Dios, el interlocutor v?lido es quien se entrega totalmente al servicio del pueblo, corriendo el riesgo de perderse con ?l si es preciso.

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El Salmo responsorial ruega: ?Me pondr? en camino adonde est? mi padre. Misericordia, Dios m?o, por tu bondad, por tu inmensa compasi?n borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado?.

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San Pablo escribe a Timoteo: ?Doy gracias a Cristo Jes?s, Nuestro Se?or, que me hizo capaz, se fi? de m? y me confi? este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo?? (1 Tm 1,12-17)

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???????? San Pablo le confiesa a su disc?pulo la vida que llev? antes de su apostolado. El comienzo de la carta subraya algo muy esencial en toda la eclesiolog?a paulina: los ministerios provienen de la voluntad de Dios; la iglesia no es una reuni?n puramente democr?tica, en que el ministerio sea una mera delegaci?n de la comunidad. Este origen divino de los ministerios no quiere decir que los "responsables" tengan que presentarse siempre como los puros e intocables ante la comunidad y ante los de fuera; es al rev?s, San Pablo, recordando su pasado de ?blasfemo, perseguidor y violento?, se presenta pecador redimido por el gesto gratuito de Cristo, que realiz? aquel sorprendente cambio, todo eso ha sido borrado por la misericordia de Dios y la gracia de Cristo, que, al mismo tiempo, abre un futuro de luz y de esperanza en su vida; no s?lo ha recibido el perd?n amoroso de Dios en Cristo, sino tambi?n ha sido ?ejemplo de los que van a creer, para obtener la vida eterna?.

???????? Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales ?yo soy el primero?; lo m?s admirable es el tiempo en que el verbo est? redactado, un presente: "Yo soy el primero (pecador)" (1,15). El Ap?stol Pablo no se detiene aqu?; no quiere darnos lecciones de humildad. Generosamente piensa en los que lo seguir?n a ?l y a Timoteo. No quiere que admiremos su comportamiento ni sus virtudes, sino la manifestaci?n de la misericordia de Dios en ?l, -ciertamente, distinto de la hiperb?lica y alienante descripci?n de m?ritos y milagros en tantas biograf?as de santos-. La misericordia de Dios conmigo, nos dice Pablo, es una simple muestra de lo que har? tambi?n con vosotros (cf. v.16).

???????? Partiendo de esta visi?n nunca estallar?a en la comunidad el conflicto jerarqu?a-fieles; conflicto que, por otra parte, se convierte en insoluble, cuando una de las dos partes contendientes pretende tener el monopolio, ya sea del trigo, ya de la ciza?a... Es una herej?a pr?ctica creer y actuar como si el trigo o la ciza?a estuviera solamente en una de las partes. ?Acu?rdense de sus palabras, dice Santa Teresa de Jes?s, y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cans? de ofenderle, que su Majestad de dejar de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir. Sea bendito por siempre, am?n y al?benle todas las cosas? (Libro de la Vida 19,15).

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???????? El evangelio seg?n San Lucas narra, de modo sublime, el misterio insondable de la bondad infinita de Dios, Padre, en estas tres par?bolas de la misericordia, perlas de las par?bolas. Ponen la mirada en el valor de la conversi?n y la reconciliaci?n del hombre con un Dios que ?no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva? (Ez 18,23). Mientras los fariseos y maestros de la ley se mantienen a distancia de los pecadores por fidelidad a la Ley (Ex 23,1; Sal 1,1; 26,5), estos -gentes que no se preocupaban de la pureza ?legal? farisaica- acud?an a Cristo para o?rlo. Por esto, los fariseos y escribas censuran que come y acoge a los pecadores. Las tres par?bolas responden a esta acusaci?n. Originariamente, son la respuesta de Cristo a las cr?ticas farisai?cas ante la admisi?n de ?pecadores? en el reino. ?

Jesucristo de forma indirecta, argumenta, que su conducta refleja la acci?n amorosa de Dios mismo. Al "excluirme a m? renunci?is al Dios Verdadero". Jes?s se manifiesta testigo excepcional del amor de Dios; lo que los maestros de la ley le critican no es que hable del perd?n al pecador arrepentido, ya muchos textos del Antiguo Testamento hablaban del perd?n divino. Lo que sorprende radicalmente es la conducta de Jes?s, que, en lugar de condenar, como Jon?s o Juan Bautista, o exigir sacrificios rituales, para la purificaci?n, como los sacerdotes, come y bebe con los pecadores, los acoge y les abre gratuitamente un horizonte nuevo de vida y de esperanza. Esta es la tesis que hoy inculcan las par?bolas; su objetivo primario reside en ilustrar la ra?z profunda de la misericordia de un Dios que Jesucristo llama ?Padre?, y manifiesta.

Las dos primeras par?bolas insisten en la alegr?a que Dios siente cuando un pecador se convierte. En la primera par?bola, la oveja descarriada se pierde ?fuera? de casa; en la segunda, la moneda se pierde ?dentro? de casa. Los de cerca y los de lejos, todos son buscados y, hallados, vienen a Dios. ?Todos hemos pecado? (Rom 3,23), dir? San Pablo. Jes?s proclama el gozo de un Dios, Padre y Madre, que otea le camino, que sale, espera, busca al hombre y lo abraza a su vuelta a la vida. Aquella oveja y aquella moneda tienen en com?n el ser objeto del amor inmenso de Dios, que va a los que est?n perdidos.

???????? ?La par?bola del hijo pr?digo, propia de San Lucas, es una p?gina de las m?s bellas de la Literatura Universal y de las m?s profundas en riqueza teol?gica del Evangelio; incide, con efusi?n y ternura, en la misericordia de Dios sobre el pecador arrepentido. Todos los elementos muestran la solicitud de Dios por el pecador para perdonarlo. Literariamente es una par?bola, aunque con algunos elemen?tos alegorizantes.

El relato sobre el hijo que pide su herencia y se va de la casa, apunta un hecho legal, que permite al hijo ejercer su derecho (Dt 21,15-17). El evangelista no entra en los motivos, ni en la moralidad o legalidad de la petici?n; se fija en el alocado proceder del hijo y el mal uso de aquella riqueza que, por el ?despilfarro y vida libertina?, lo llev? a la miseria y, casi, a la muerte. Es un irresponsable que fragua su ruina. Recu?rdese que, para el jud?o, apacentar puercos acarreaba una maldici?n, por ser animal impuro, lo que acusa m?s su vida de pecado (Lev 11,7). La par?bola se?ala que vuelve, por c?lculo e inter?s, por comer como los jornaleros de la casa, en ning?n caso, muestra un modelo de arrepentimiento, ?l regresa impelido, no por amor a su padre, ni confesando humildemente sus errores; no describe una conversi?n, sino la sorprendente y misericordiosa actitud del padre; presenta la magn?nima interpretaci?n del padre sobre la vuelta del descarriado, que, cuando reflexiona, vuelve a su padre: ?Me pondr? en camino, regresar? a casa de mi padre y le dir?: Padre, pequ? contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo, tr?tame como a uno de tus jornaleros?.

La figura del padre es el n?cleo del texto. El tema central no es ?el hijo pr?digo?, sino el perenne perd?n de Dios, Padre y Madre, que ansioso espera e indaga para abrazar siempre. Las palabras del hijo no son las que determinan la conducta del padre. El contraste entre el inter?s del hijo y el amor ilimitado del padre es de una enorme intensidad. El padre ?se conmovi? profundamente? (en griego: splangn?zomai, ?conmoverse las entra?as maternas?). La ternura del padre se origina en el fondo de su coraz?n. El padre es s?lo abrazo, perd?n y dulzura; el lector halla un padre fuera de lo com?n, excepcionalmente misericordioso y excesivamente afectivo y amoroso. Un padre que no espera el grito arrepentido del hijo para correr y besarlo. Y es que la par?bola no se detiene en la conducta significativa del hijo, sino que viene a revelar la honda paternidad-maternidad del padre, que se sustenta en una ?nica raz?n: ?Este hijo m?o estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado?. No le mueve la ofensa recibida, piensa en las consecuencias que soport? su hijo, en la muerte que amenazaba con privarlo de su hijo. Para el padre, importa s?lo que el hijo est? all?, que lo ha recuperado y que ahora podr? vivir y gozar de ?l. En realidad, el padre nunca rechaz? al hijo, porque la filiaci?n no estaba condicionada a sus m?ritos. No cuenta el pasado, ni tampoco el futuro; no lo juzga, ni le exige nada a cambio; interesa la vida del hijo. Ahora vive, junto al padre; lejos de ?l, ?se mor?a de hambre?. El vers?culo: ?Cuando estaba lejos, sali? su padre, y, compadecido corri? a ?l?, llen?ndolo de cari?o, expresa la alegor?a de la providencia misericordiosa de Dios, y Lucas la ?moraliza? en los pecadores. El beso es signo de perd?n (2 Sam 14,33). El cristiano, por el bautismo, es hecho ?hijo? de Dios.

Evidentemente, el ?padre? es Dios. El ?hijo menor? representa, en la alegor?a, a los ?publicanos y pecadores?, que no se preocupan de la impureza ?legal?, en esta proyecci?n moralizante de Lucas, dirigida a la gentilidad, al pecador. Y el ?hijo mayor?, a los ?justos que, humanamente, no quieren entender los misterios de la misericordia divina? y, aqu?, se incluye a los cristianos; aquellos que, personificados en el ?hijo mayor?, llegan a protestar de la acogida bondadosa de Dios al pecador. Es preciso captar que se trata de un rasgo pedag?gico, para resaltar m?s los designios de Dios en la historia humana.

???????? La par?bola concluye haciendo alusi?n al ?hijo mayor?, que ha de optar por aceptar la decisi?n misericordiosa del padre o rechazarla. No le gusta esa fiesta. Su ?nico punto de referencia es su conducta; habla de vida ejemplar, de fidelidad, pero se expresa herido y contrariado. Se tiene por justo y merecedor de todo, piensa en cuesti?n de retribuci?n y de justicia, no en clave de cercan?a al padre, de amor rec?proco, de gratuidad. Representa a los escribas y fariseos que daban gracias porque ?no eran como los dem?s?, se resiste a entrar y celebrar. El padre, sin embargo, ?sale y trata de convencerlo?. Busca al mayor como hab?a esperado al menor. No lo rechaza y lo invita a superar la l?gica de la retribuci?n, a no interpretar su existencia en sentido de remuneraci?n y sueldo. El padre de la par?bola lo da todo, sin medida, sin c?lculo alguno. Ser padre es dar, entregar, compartir todo con sus hijos. Y respeta tambi?n al mayor, como no oblig? al menor a quedarse en casa, tampoco obliga a este a entrar y participar de la fiesta.

La par?bola expone una historia universal, aplicable a todos, que rezuma bondad e inmenso amor. Exhorta a revestirse del amor del Padre; a los alejados, a regresar a la casa paterna; a los orgullosos y pagados de s? mismos que juzgan a los dem?s, a entrar para vivir el gozo del amor del Padre, y a impartir el perd?n ofrecido gratuitamente a todos. No se sabe qu? hicieron despu?s los dos hermanos. Pero, s?, se hace totalmente expresa la vida de amor del padre, su inmensurable misericordia. Sabemos que Dios es Nuestro Padre y Madre amant?simo. ?

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Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 12:44
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