Viernes, 03 de septiembre de 2010

Domingo XXIII T. Ordinario. Ciclo C
Sb 9,13-18; Sal 89,3-6.12-14.17; Flm 9-10.12-17; Lc 14, 25-33

En aquel tiempo, como lo segu?an las multitudes, volvi?ndose, les dijo: Si alguno se viene a m? y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, e incluso su propia vida, no puede ser mi disc?pulo.

Porque ?qui?n de vosotros, queriendo construir una casa, no se sienta primero a calcular ? As? pues, el que de vosotros no renuncia a todos sus bienes, no puede ser disc?pulo m?o.

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El libro de la Sabidur?a invoca diciendo: ??Qu? hombre conoce el designio de Dios,
qui?n sabe lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son reducidos?
? (9,13-18).

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Esta invocaci?n sapiencial de Salom?n atribuye la aut?ntica sabidur?a al Esp?ritu de Dios, inserto en el hombre. La idea antropol?gica de la dualidad, cuerpo y alma, de ra?z hel?nica, indica la dificultad humana de conocer sin el concurso de la sabidur?a; tal aspiraci?n, s?lo es colmada por la Revelaci?n que lleva al hombre a encontrar su verdadera entidad en Dios.

El cuerpo humano y los pensamientos del hombre son un lastre para su alma. El hombre terreno no puede por s? mismo llegar a saber la voluntad de Dios. La antropolog?a b?blica difiere del dualismo plat?nico de tan funestas consecuencias en la espiritualidad cristiana. Pues, la Biblia determina la unidad profunda de la persona humana, anterior a cualquier distinci?n entre el alma y el cuerpo. El hombre percibe sus propias limitaciones intelectivas, a?n al tratar de entender los asuntos m?s cercanos y m?nimos. De ah? que, para captar los designios de Dios necesite la iluminaci?n del Esp?ritu de Dios (1Cor 2,10-16). La sabidur?a es un don de Dios que conduce a la salvaci?n integral. En este sentido, sabio es aquel que conoce la voluntad de Dios.

El Salmo responsorial pide al Se?or: ?Los siembras a?o por a?o, como hierba que se renueva; que florece y se renueva por la ma?ana, y por la tarde se seca y la siegan. Ens??anos a calcular nuestros a?os, para que adquiramos un coraz?n sensato? (89,3-17).

??????????? San Pablo escribe a Filem?n, un cristiano de la comunidad de Colosas, evangelizado por Pablo, probablemente en ?feso: ?Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jes?s, te recomiendo a On?simo?? (9,19-17).

Esta carta a Filem?n, de la aut?ntica pluma de Pablo, es el texto m?s escueto del N.T., y con un contenido muy concreto, que ata?e directamente al Ap?stol. La fuga del esclavo On?simo le preocupaba en su gravedad. Aunque parece no haberse cumplido con frecuencia, la dura ley permit?a, al due?o, matar a un esclavo fugitivo. Era un delito que atentaba contra la estructura social y econ?mica del Imperio Romano. Pablo le ruega acogerlo con amor paternal y huir de las formas de amo pagano.

Puede extra?ar que Pablo no condene la esclavitud, como incompatible con el cristianismo. Hay que pensar que las circunstancias de hoy no son aquellas; nosotros enjuiciamos desde otra cultura y otro concepto. Miramos con actitudes diferentes, desde convencimientos cristianos, ?ticos, sociales y positivos, muy distintos. No era posible para el Ap?stol ni Filem?n, en su tiempo, alterar todo el complejo entramado jur?dico-social de la Poderosa Roma. De ah?, que On?simo seguir? jur?dicamente siendo esclavo. Pero, ciertamente, Pablo puso el fundamento; su predicaci?n fue el inicio, las comunidades cristianas, sembrando en la esfera social el germen destructor de la esclavitud, comenzaron a invertir las relaciones humanas de amo y esclavo. No llega a formular tajantemente la incompatibilidad, porque Pablo est? inserto en su tiempo y vive el cristianismo atento a la realidad social que le impide incluso el intento de cambio, y menos, un rechazo frontal. Hubiera supuesto una revoluci?n. No siempre, se puede pedir una transformaci?n inmediata de las condiciones, sino poner las bases.

En efecto, Pablo indica unos principios que son ya subversivos de la situaci?n social. Son los del amor y fraternidad que superan las diferencias globales existentes en su ?poca, y, hasta sacralizadas por la ley y la costumbre. Esta corta de San Pablo, se conserv? sin duda, en la iglesia primitiva, por su sint?tico mensaje, sobre el delicado y grave problema de la esclavitud. Pablo hab?a ya establecido la igualdad y dignidad universales de los hombres ante Dios, al afirmar: Todos somos pecadores y necesitados de salvaci?n (Rom 3,23; 1 Cor 7,20-24; Ef 6,5-9; Col 3,22-4,1); y que, en Jesucristo, se han borrado todas las trabas que dividen y separan: ?Ya no hay esclavo, ni libre, no hay var?n ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jes?s? (G?l 3,28).

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??????????? San Lucas, el evangelista de la radicalidad, expone hoy esta exigente per?copa, en que Jes?s explica la extrema dureza que requiere el seguimiento de la vocaci?n (14,25-33); el verbo usado, traducido aqu? por ?dejar, en el original es ?odiar?: ?Si alguno quiere venir en pos de m? y no odia a su padre y a su madre??. El verbo con una carga significativa demasiado radical y honda busca impactar y se?alar la distinci?n entre la falsedad y la verdad del disc?pulo. Parece un lenguaje muy severo el uso el verbo ?odiar?, pero se debe a la ausencia de una forma comparativa en el hebreo y el arameo, para indicar la idea de ?amar menos?, que late en la intenci?n de San Lucas. Nunca, el que Jes?s pida odiar a los familiares, lo que es absurdo.

S?, es cierto que la doctrina de Jesucristo implica siempre una gran exigencia y la crudeza de energ?a dr?stica y tajante. El disc?pulo ha de entregarse al amor de Jes?s en totalidad; nada ni nadie se pueden interponer. El Reino de Dios y el Evangelio exigen, tras la opci?n libre y reflexiva, el compromiso decidido y exclusivo al amor de Cristo y al pr?jimo. Jes?s sintetiza la vocaci?n en la frase final: ?El que no carga con su cruz y viene detr?s de m?, no puede ser mi disc?pulo?.

El Maestro no impone ?la cruz? como un valor en s? mismo, no es algo intr?nseco, no se busca en s?, pero tampoco afirma que haya que evadirla o suprimirla. La cruz viene; llega, se encuentra en el vivir, y, sin duda, con su enorme val?a espiritual. Soportar las deficiencias humanas y las contrariedades de la vida, en pos de Jes?s y al modo de Jes?s, consiste en andar con la cruz el camino pascual; emprender la v?a dolorosa de la conversi?n en Cristo, entrar en s? y renacer de nuevo; extirpado el ego?smo, desechado el vicio y el pecado y eliminado el hombre viejo, cargar con la cruz de cada d?a y seguir a Jes?s; sobrellevar y vencer la humillaci?n, el desgarro, la hostilidad e, incluso, ir a la muerte, fiel a Jes?s y a sus dictados; es cumplir la opci?n del seguimiento de la cruz de Cristo.

??????????? Jes?s, con las dos par?bolas, la del constructor de la casa y la del ej?rcito que va a la batalla, ense?a que es imprescindible una seria y atenta reflexi?n para ir tras ?l. La dedicaci?n al Reino de Dios requiere cordura y seriedad, constancia y dolor, sabidur?a y meditaci?n. Precisa planificar, calcular los medios y las fuerzas y perge?ar los elementos. El disc?pulo de Jes?s, ante todo, debe conocer a fondo las exigencias del evangelio y sus consecuencias posibles, tiene que ser consciente plenamente de los valores y cuant?as que tiene al orientar su vida. Solamente as? podr? luego actuar en coherencia con su fe y confrontar su vida con la palabra de Jes?s. S?lo as? podr?, con total libertad interior, tomar la opci?n de fe y hacer ?ntegra donaci?n al amor de Cristo.

La s?ntesis esencial del pensamiento de Jes?s en el texto evang?lico se encierra aqu?: ?el que de vosotros no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi disc?pulo?. San Lucas indica con la expresi?n de ?todos sus bienes?, la peculiaridad teolog?a de la pobreza, rasgo enteramente insoslayable para el disc?pulo, que, libre y consciente abraza su vocaci?n exigente, de seguir al Maestro: Y, dej?ndolo todo, lo siguieron, dice de los ap?stoles y al joven rico, le pide: Ve, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven y s?gueme. Cristo exhorta y reclama la pobreza integral y absoluta, la que llev? a cabo con el desprendimiento y renuncia de San Francisco de As?s; y, con la abnegaci?n de vida en la sobriedad y austeridad, Teresa de Calcuta; con la actitud y conducta que hunde su m?s honda ra?z en el esp?ritu de pobreza, puesta la espera y confianza en Dios. Dejarlo todo implica el repudio de todas las cosas, posesiones y afecciones; nada se interpone en el abrazo vocacional. Es la pobreza que libera en el amor, amor confiado, fundado en la fe, la esperanza y la caridad; el amor que todo lo espera, todo lo tolera, lo supera todo, todo lo cree y ama siempre, porque la Caridad es Eterna.

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Camilo Valverde Mudarra



Publicado por CamiloVMUDARRA @ 11:30
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