Domingo, 29 de agosto de 2010

Domingo XXI T. Ordinario. Ciclo C

Is 66,18-21; Sal 116,1.2; Hb 12,5-7.11-13; Lc 13,22-30

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En aquel tiempo, Jes?s, de camino hacia Jerusal?n, recorr?a ciudades y aldeas ense?ando.

Uno le pregunt?: ?Se?or, ?son pocos los que se salvan??. Jes?s le respondi?: ?Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentar?n entrar y no podr?n. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedar?is fuera y llamar?is a la puerta, diciendo: "Se?or, ?brenos"; y ?l os replicar?: "No os conozco". Y comenzar?is a decir. "Hemos comido y bebido contigo y t? has ense?ado en nuestras plazas."Mas, ?l os replicar?: "No os conozco. Alejaos de m?, todos los que hac?is el mal".

Entonces ser? el llanto y el rechinar de dientes, cuando ve?is a Abrah?n, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios y vosotros sois echados fuera. Vendr?n de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentar?n a la mesa en el reino de Dios. Pues, los ?ltimos ser?n primeros y los primeros que ser?n ?ltimos?.

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El libro de Isa?as profetiza: ?As? dice el Se?or: ?Yo vendr? a reunir a las naciones de todas las lenguas, que vendr?n y ver?n mi gloria. Les dar? una se?al y mandar? a algunos de sus supervivientes a los pueblos de Tarsis, ?frica, Lidia, Masac, Italia y Grecia? ?.

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El texto prof?tico expone que Dios viene para "reunir" a las gentes dispersas de Israel y a todos los hombres: a "todos los pa?ses", los m?s importantes en su ?poca. Es la Nueva Congregaci?n de los hijos de Dios, en el Nuevo Israel; han terminado todas las diferencias de raza, color o lengua, porque Dios todo lo ha purificado con la sangre de su Hijo. Somos hijos de Dios y, si hijos, herederos de la Promesa, afirma el Ap?stol.

Se trata de una convocatoria universal que mostrar? la gloria de Yahv?, ?nico Dios verdadero frente a los dioses e ?dolos de los otros pueblos. Entre los supervivientes del juicio, elige a sus enviados con la misi?n de proclamar el poder divino a los pueblos que "nunca oyeron ni vieron mi gloria". Los que han conocido su poder salvador ser?n testigos de la liberaci?n de los gentiles; de ellos, algunos llegar?n a ser sacerdotes y levitas, lo que borrar? los privilegios de pueblo y casta. Un sacerdocio, que ya no ser? hereditario, sino vocacional, carism?tico, prof?tico. Todos los pueblos llevar?n a los israelitas dispersos, los jud?os de la di?spora, hasta Jerusal?n y Si?n.

Todas las gentes y naciones llegan a Jerusal?n. Israel depone su particularismo. Es Cristo el que abre y desbarata las barreras de cerraz?n; lo dice claro a la samaritana: "Se acerca la hora, en que no adorar?is al Padre en este monte ni en Jerusal?n...? Llega la hora, y es esta, en que los verdaderos adoradores dar?n culto al Padre en esp?ritu y en verdad" (Jn 4,21.23). Los cristianos han de ser testigos de su mensaje. Ello entra?a la renuncia a los ?dolos del mundo: poder, dinero, placer, corrupci?n, injusticia... Ser testigo significa conocer y entregarse al Evangelio, vivir el mensaje liberador Jesucristo.

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El Salmo responsorial invita: ?Alabad al Se?or, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre? (116,1.2).

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??????????? "Este salmo ?opina San Juan Cris?stomo- contiene la profec?a de que la Iglesia y la predicaci?n del Evangelio se difundir?n por toda la tierra. Y es que, Jesucristo, al entonar este salmo en la ?ltima Cena de Pascua, inici? el cumplimiento del hecho prof?tico que predice la universalidad de la Palabra Redentora. El Misterio Pascual, a punto de culminar en la inminente Pasi?n, va a poner al alcance la oferta de salvaci?n no s?lo a Israel, sino a toda la humanidad. Es la atenci?n y cuido de Dios Padre, que Providente vela y abre la misericordia y la fidelidad eternas.

"Los gentiles alaban a Dios por su misericordia'' (Sal 175). Es un pasaje de la Carta a los Romanos en que Pablo expone la alegr?a de los pueblos, que, en su agradecimiento, alaban y vienen a dar al Padre las gracias y alabanza que merece.

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La segunda lectura de la carta a los Hebreos recuerda: ?Hab?is olvidado la ense?anza que os dieron: ?Hijo m?o, no rechaces la correcci?n del Se?or, no te desalientes por su reprensi?n?... (12,5-7.11-13).

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El amor y la fe hacen reconocer la misericordia de Dios incluso en las contrariedades, con la certeza de que, no siendo Dios nunca causa del mal, es posible que lo permita, siempre en bien de la criatura. En este sentido, explica el libro de la Sabidur?a los fen?menos y las plagas de Egipto, el sufrimiento de Job y el martirio de los cristianos. Los hijos de Dios deben captar el mensaje de la pedagog?a divina, emitido en las aristas del sufrimiento y la dificultad: ?Venid a m? todos los que and?is fatigados, que yo os aliviar?, ofrece Jesucristo. Los problemas y escollos son pruebas de la fortaleza espiritual; los entregados al Se?or, ver?n en ellos, el gran valor formativo, que les reportan en su acceso a la mesa de la gloria (Is 35,3; Prov 4, 26).?

La correcci?n, a que esta carta exhorta, es la persecuci?n que los cristianos hebreos habr?n de resistir. El cristiano vive en exigencia, su vida es lucha y donaci?n en un ambiente adverso, ajeno al Evangelio. El misterio del mal y del padecimiento, en raz?n del evangelio, aunque resulte inexplicable, es aceptable s?lo desde el fundamento de la fe, en la Pasi?n, Muerte y Resurrecci?n de Jesucristo.

??????????? El misterio del dolor y de los sufrimientos se hace m?s aceptable para los que creen de verdad en la pasi?n, muerte y resurrecci?n de Jes?s; hay que tomar la prueba como un instrumento de una uni?n m?s ?ntima con Dios, que de este modo nos manifiesta su amor. La correcci?n, el dolor, en un primer momento, pueden entristecer, pero, al reflexionar, se percibe el fruto del sufrimiento, se produce un sentimiento de paz profundamente gozosa que penetra el alma y la vida de quien ha aceptado y ofrecido la prueba. Porque sucede siempre que el efecto de la prueba aceptada provoca una curaci?n del alma.

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El santo evangelio seg?n San Lucas plantea, hoy, un problema com?n en el pensamiento, que, constante, viene a angustiar las conciencias sobre el inquietante futuro; se aspira a tener segura la salvaci?n y vivir la confianza de obtenerla (13,22-30).

Al interrogante que le propone el oyente, Jes?s responde con la met?fora del cielo, muy corriente entonces, de un recinto dispuesto para un banquete, cuya puerta es estrecha, una vez cerrada no entra nadie m?s, pues los ?ltimos ser?n primeros y los primeros, ?ltimos. Los primeros son los jud?os, los ?ltimos, los extranjeros. Jes?s no responde a la concreci?n del n?mero de salvados, no es relevante. Lo intrincado para ?l estriba en la pertenencia al Pueblo Elegido y aguijonea a sus oyentes jud?os con la seria advertencia de que han de desechar su tranquilidad y fiabilidad religiosas. Les hace ver que la adscripci?n jud?a, no garantiza la salvaci?n, su autoseguridad y exceso de certidumbre no tiene consistencia. Esta es la verdadera cuesti?n la puerta estrecha, la arrogancia y la autoconvicci?n. Es preciso el esfuerzo asc?tico en estar entre los conocidos, en no perderse la entrada; ser de los primeros en conocer el plan de Yahv?. Dios no es prerrogativa ni dispensa de unos cuantos.

Los jud?os se daban por salvados; y, curiosamente, esa falsa garant?a conceptual toma cuerpo en la sociedad actual: La misericordia de Dios no permite la condenaci?n eterna, el infierno no existe. Tal especulaci?n es un desideratum, producto de la increencia hedonista, que, hoy, se asienta. Lo m?s prudente consiste en respetar el misterio y hacer como Jes?s, que no responde a una preocupaci?n intranscendente. Por el contrario, las diatribas rab?nicas conclu?an que s?lo unos pocos gozar?an de la plenitud final, en la que todo Israel ten?a un puesto. Jes?s, seguramente, ante esta conjetura, expone la par?bola de la puerta estrecha, del empe?o y la abnegaci?n. El proceso de tormento y angustia que conlleva la implantaci?n del Reino ven?a siendo com?n en la literatura escatol?gica del ?mbito jud?o, y, as?, aparece en la de los textos evang?licos. El Maestro asegura sin rodeos, que nadie tiene la puerta despejada, que, antes, es necesaria la conversi?n, pues vendr?n ?los publicanos, pecadores y gentiles, que despreci?is y se sentar?n delante de vosotros?. Llamar?is, pero el amo dir?: ?Yo no os conozco?. ?El desconocimiento por parte de Dios, ha de ser terrible!

La tesis de Jes?s, sobre la estrechez de la puerta, desdice la enga?osa presunci?n de salvaci?n rab?nica y la err?nea predestinaci?n apocal?ptica. Es una convocatoria a los gentiles: La puerta est? expedita, venid y acomodaos. Jes?s no intenta atemorizar, trata de inducir. Se nos abruma hoy con las cifras y estad?stica. Aquel quiere que Jes?s le d? n?meros y ?l le presenta la necesidad perentoria de reconciliarse y aceptar el Evangelio: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Hace una solicitud acuciante al pueblo de Israel, que no acepta su mensaje, ?vino a los suyos y no lo recibieron"; no se convierten al evangelio, otros, pues, ocupar?n el puesto. El n?cleo esencial se halla en la conversaci?n con Nicodemo: ?En verdad, en verdad te digo, el que no nace de nuevo, no puede entrar en el Reino? (Jn 3,3). Ese renacer es inexcusable, se ha de dejar el hombre viejo, retrotraer el camino y abrazar la ense?anza de Cristo; interesa creer decididamente, la salvaci?n exige la fe y la uni?n con Jes?s. Vivir la fe de Abrah?n y entroncarse en Cristo y en el Reino que predica en un mensaje universal, sin restricciones de raza o naci?n, color o lengua. Salva el seguir, con fe, su doctrina, sencilla, pero exigente.

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?????????????????????????????????????????????????????????? Camilo Valverde Mudarra


Publicado por CamiloVMUDARRA @ 1:01
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