Domingo, 29 de agosto de 2010

Domingo XX. T. Ordinario. Ciclo C
Jr 38, 4-6.8-10; Sal 39,2-4.18; Hb 12,1.4; Lc 12,49-53

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En aquel tiempo, dijo Jes?s a sus disc?pulos: ?He venido a traer fuego al mundo, ?y cu?nto deseo? que est? ya ardiendo! He recibido un bautismo de dolores, ?y me angustio hasta que se cumpla! ?Pens?is que he venido a traer la paz a la tierra?? Os digo que no, sino discordia.

En adelante, estar?n divididos cinco:? tres contra dos y dos contra tres; el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra?.

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Lectura del libro de Jerem?as ?En aquellos d?as, los pr?ncipes dijeron al rey: ?Muera ese Jerem?as, porque est? desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia?? (38, 4-6.8-10).

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???????? Sedec?as, hombre bueno pero d?bil, sube al trono y se deja llevar a la guerra; la palabra del profeta proclama que es absurdo ir contra Babilonia a impulsos de un nacionalismo y una resistencia militar, que se desentiende a su antojo del pueblo hambriento y desmoralizado. La voz del profeta es molesta cuando interpreta el sentimiento popular; los poderosos intentar?n suprimirlo. Muchos a?os m?s tarde se producir? una situaci?n semejante con Jes?s (cf. Jn 11,50).

El encarcelamiento degradante del profeta Jerem?as, por el inepto rey de Jud?, en los ?ltimos a?os del reino, es un intento de acallar su lengua y doblegar sus pasos, ante la inminente invasi?n del ej?rcito babil?nico. El profeta, elegido por Dios ?antes de que se formara en el seno de su madre? (Jer 1,5), se enfrenta a la incomprensi?n, al martirio y a la muerte, por parte del poder. Su palabra molesta, incomoda y desagrada. Jerem?as, como Jes?s, atenazaba las conciencias endurecidas, instaba a las exigencias radicales que implica la fe, y denunciaba los desv?os y desmanes de los pudientes y ambiciosos; raz?n por la que lo apresan y lo quieren eliminar.

???????? No obstante, se manifiesta, un destello de esperanza y protecci?n de Dios. Un eunuco, Ebedm?lek, percibe la injusticia contra Jerem?as y compadecido intercede y logra? salvarlo. Un extranjero, impuro, es el ?nico que protege al profeta en la Jerusal?n asediada, como estaba en aquel momento, corr?a el riesgo de ser olvidado en la cisterna y morir inevitablemente. Entonces el rey orden? a Ebedmelek, el cusita: ?Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jerem?as del aljibe, antes de que muera?. Jerem?as fue salvado y continu? algunos a?os m?s su ministerio prof?tico.

???????? Jerem?as ha sido por la tradici?n b?blica y eclesial tipo genuino de Jesucristo. Es el personaje hist?rico en quien se inspir? el Segundo Isa?as para pintarnos al Siervo Paciente; el Profeta de la interioridad, de la Nueva Alianza, el hombre que se confes? p?blicamente hombre, para que nunca m?s hombre alguno pretendiera disimularlo bajo capa de santidad.

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???????? Salmo responsorial:? ?Se?or, date prisa en socorrerme. Yo esperaba con ansia al Se?or; ?l se inclin? y escuch? mi grito? T? eres mi auxilio y mi liberaci?n: Dios m?o, no tardes? (39,2-4.18).

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La carta a los Hebreos? dice: ?Hermanos: Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quit?monos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera?? (12,1.4).?

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???????? La carta a los hebreos se dirige a una comunidad cansada y vacilante en la fe; es ya la segunda generaci?n, ha desaparecido el primer entusiasmo y ha venido la costumbre, se palpan las dificultades internas y externas. Este cap. 12 es una exhortaci?n a la constancia en la prueba y a la fidelidad en la vocaci?n.

El texto de Hebreos apremia a la perseverancia en la fe. El autor exhorta a ?correr con insistencia en la carrera; el s?mbolo deportivo apunta a la vida cristiana; en el estadio, el atleta, desasido de toda impedimenta, corre; as?, debe el cristiano despojarse del pecado, obst?culo fundamental para acceder a la plena vida en Dios. La meta ideal es Jesucristo, la carrera de la fe se debe realizar en Cristo, con fidelidad dolorosa hasta la muerte. El creyente ha de estar dispuesto incluso a recorrer la amargura de la pasi?n y el riesgo de la muerte con amor y donaci?n de la propia vida.

???????? El verdadero modelo, al que deben mirar e imitar, es Cristo; el destino de la comunidad est? ligado al de Cristo y no ser? ni mejor ni peor: persecuci?n y desprecio, sufrimiento y muerte fueron el destino del Se?or. Hoy son muchos los cristianos inseguros en su fe, e inmersos en los problemas actuales no saben qu? camino tomar. Es el momento de aceptar la sabidur?a de la cruz. Estar bajo la ley de la cruz significa, para la comunidad, soportar las tensiones y contradicciones en el interior de la comunidad, de la Iglesia, y perseverar a la espera del que da raz?n de nuestra fe: Cristo Jes?s.

???????? La constancia en el combate es una de las cualidades del atleta. El proceso que sigue el creyente tiene su ra?z y su cumplimiento en el mismo Jes?s; no lucha en solitario, va tras Jes?s y con Jes?s, que obra una transformaci?n honda y total por su muerte en cruz. La prueba acompa?a siempre al verdadero creyente (1?. lectura). La sangre y el triunfo de Jes?s dan ?nimo al cristiano para continuar.

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El santo evangelio seg?n San Lucas (12,49-53) expone hoy una cierta inquietud espiritual de Jesucristo, que vislumbra en su misi?n especiales dificultades amenazadoras: ?He venido a traer fuego?. El fuego ardiente del amor a Dios y al hombre. Fuego que incendia con su ardor o provoca la frialdad del rechazo y, por tanto transforma y renace o divide, consume y disgrega. Su aparici?n en el acontecer hist?rico supone entablar el combate y la lucha, con decisi?n, sin debilidad alguna ni neutralidad; su cometido exige el impulso y la ofensiva propios del fuego que aviva, transforma y purifica.

El Maestro emplea los t?rminos ?fuego?, ?guerra?, ?divisi?n?, en relaci?n con la exigencia del mensaje evang?lico, que se sustenta en su radicalidad doctrinal, en la decidida voluntad de aceptaci?n y entendimiento que, con claridad, se abre a los designios e interpelaciones Divinas en la vida humana. El s?mbolo del fuego, aplicado a Dios y su poder, es frecuente en la S. Escritura. Yahv? en Isa?as es el ?fuego devorador? (Is 33,14; cf. Dt 9,4). Jesucristo trae ese fuego divino a la tierra; el mensaje mesi?nico de la cercan?a del Reino y su vida y predicaci?n a favor de los humildes y oprimidos por la injustita del mundo, han desestabilizado los fundamentos del entramado social. Jes?s es piedra de esc?ndalo, fue espada de incisi?n y diatriba en las esferas sociales y religiosas de Jerusalem: He venido a traer a la tierra, no paz, sino divisi?n?. Sus hechos y palabras crean discordia; suscitan tensi?n y provocaci?n, porque su anuncio remueve las bases humanas y exige un cambio radical. Trae fuego?, que enciende la conciencia descuidada, hostiga la voluntad embotada, zarandea los fondos ?ntimos del ser humano.

No obstante, debemos se?alar esta idea. Sin duda, Jesucristo, manso y humilde de coraz?n, es la paz aut?ntica y definitiva: ?La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, os la doy yo? (Jn 14,27). Ofrece su paz, no la paz a la medida humana, fr?gil y vac?a; no la del conformismo ni de avenencias con la injusticia, con la violencia y la ambici?n ego?sta. Su paz no es el confortable bienestar y holganza. Trae la paz de la verdad y de la justicia; no la de los poderosos e instalados, jam?s la de los agresores y asesinos. Su dedicaci?n a los desvalidos y excluidos lo llev? a la cruz. La opci?n por los pobres, en este solar de injusticia, acarrea violencia, agresi?n y muerte. El goce de la paz verdadera implica entrar en batalla; el Evangelio no es ?neutral? ni se entiende sin entrega y compromiso fiel: ?Lo que hag?is a uno de ?stos, a m? me lo hac?is?. Los olvidados, los hambrientos, los extranjeros, son Cristos en las aceras y rincones de nuestro camino cotidiano.

???????? El evangelista San Lucas conecta este misterio de fidelidad y radicalidad de Jes?s al ?mbito existencial del cristiano, que ha de sufrir su propia pascua y su propio bautismo de muerte y resurrecci?n (Rom 6); el fuego de Cristo ser?, para el disc?pulo, el fuego del Esp?ritu en Pentecost?s (Hch 2), la divisi?n y el esc?ndalo de Jes?s se proyecta en sus disc?pulos, testigos conscientes y fieles de su evangelio.

Jesucristo pide decisi?n leal, dr?stica y tajante. Exhorta a saber discernir y juzgar, descifrar y formular correctamente las exigencias de justicia a la luz de la fe y la caridad; a distinguir la voluntad de Dios y las se?ales del Reino, seguir la vocaci?n y o?r la voz del Se?or y captar su sentido profundo. Jes?s fue y sigue siendo el gran signo de los tiempos. Su vida y su ense?anza es la pauta relevante para enfocar y entender las fuertes orientaciones del hombre actual: la secularizaci?n, el relativismo, la globalizaci?n y la negaci?n de la norma ?tica. El cristiano debe marchar entre los signos del presente, entroncado en la voluntad de Dios, mediante la oraci?n permanente y el dictado de la Palabra de Jes?s. Su cometido est? en luchar por el valor de la fraternidad, defender los derechos de los desechados, aun entre tensiones y obst?culos, e incendiar el mundo de justicia, de paz y de amor.

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Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 0:57
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