Mi?rcoles, 25 de agosto de 2010

Domingo XVIII T. Ordinario. Ciclo C
Qo 1,2 - 2,21-23; Sal 89,3-6; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del p?blico a Jes?s: ?Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia?.? ?l le contest?: ?Hombre, ?qui?n me ha nombrado juez o ?rbitro entre vosotros??

Y dijo a la gente: ?Guardaos de toda codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes?.

Y les propuso una par?bola: ?Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empez? a echar c?lculos: ?Que har??? ? Pero Dios le dijo: ?Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ?para qui?n ser???. As? suceder? al que atesora para s? y no es rico ante Dios.

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El libro del Eclesiast?s explica: ??Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ?Qu? saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De d?a su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. Tambi?n esto es vanidad. Nada nuevo hay bajo el sol; nada merece la pena en esta vida? (Qo 1,2.9).

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??????????? El nombre de este libro procede de las palabras que lo encabezan: "Palabras del Coh?let, hijo de David, rey de Jerusal?n" (1,1). La palabra hebrea Coh?let, que las versiones han traducido por Eclesiast?s, significa predicador o portavoz del pueblo. "Todo es vanidad, vaciedad", esta afirmaci?n es la tesis de todo el libro y subraya la vaciedad o nulidad de todas las acciones humanas; "vaciedad", que literalmente significa vapor o aire, es una de las im?genes con que la Biblia resalta la caducidad de las cosas humanas. Este pasaje de hoy analiza el sentido del trabajo del hombre.

??????????? La forma literal del texto, "vanidad de vanidades" es un superlativo t?pico en hebreo: significa por tanto "vanidad, vaciedad absoluta" y en sentido figurado, que es el que aqu? prevalece, "decepci?n suprema". El hombre se encuentra, despu?s de todo decepcionado por todo aquello por lo que hab?a luchado o trabajado, desconfiado de todo. As? el propio autor, el Eclesiast?s, dice que es el libro m?s pesimista de toda la Biblia. Parece radicalmente convencido de que su existencia es un caminar sin sentido. Toda tentativa por superar el vac?o con las propias fuerzas est? destinada al fracaso. Lo que llamamos ?xito es algo muy relativo; el concepto de "?xito" supone que continuamente hay que luchar y trabajar. Adem?s no se puede hablar de ?xito desde el momento en que el hombre no puede dominar la muerte. S?lo el dominio sobre la muerte ser?a un verdadero ?xito y dar?a sentido al trabajo. En este grito de pesimismo se puede descubrir un aviso importante, el autor recuerda que hay que tomarse en serio el sentido de la vida y del trabajo. El coraz?n del hombre experimenta un deseo de absoluto que nunca llega a satisfacer eso es expresi?n de la limitaci?n humana. La vanidad es el desconocimiento de los l?mites y equ?vocos que se imponen al esfuerzo del hombre; la vanidad es la locura humana que no cuenta con la muerte y se encuentra brutalmente ridiculizado por ella. El hombre se erige con frecuencia en la medida de la cosas y olvida que la existencia se le escapa. Se refugia en seguridades ilusorias. S?lo si sabe mirar de frente la realidad encontrar? un modo de vivir con rectitud.

??????????? Este libro presupone la cr?tica de Job; pero mientras ?ste se preocupa por el justo que sufre, el Coh?let -algo m?s tarde, quiz?s un siglo- se inquieta por los imp?os que, a pesar de su vida pecadora, viven llenos de prosperidad. A partir de este hecho innegable, que muchos pecadores viven mucho m?s tranquilos y felices que muchos justos, el Coh?let, revisa las nociones tradicionales de felicidad y bienestar y el sentido de la vida inculcado por los convencionalismos imperantes. Afirma la vaciedad de todo lo que los hombres afanosamente persiguen como si de ello les dependiera la felicidad y la suerte eterna. Dios dirige el sentido de la historia; todo es don divino, hasta el comer, beber y disfrutar del trabajo (2,24), pero el hombre no sabe captar este sentido profundo de la historia.

??????????? Con todo, este predicador no es sistem?ticamente esc?ptico y mucho menos agn?stico. Cree sinceramente en Dios, proclama que no le podemos exigir cuentas de sus decisiones (3,11.14;7,13), que hay que obedecer sus mandatos y reverenciarlo (5,6;8,12-13) y que, como dec?a Job, hemos de aceptar tanto las alegr?as como las penas que vienen de su mano (7,14). Exhorta a disfrutar moderadamente de las alegr?as de la vida, dando a Dios gracias por ello, pero sin poner en ellas demasiado entusiasmo, por cuanto son fugaces y no procuran la verdadera felicidad. Aqu? est? la actualidad del mensaje del Coh?let; hace revisar las motivaciones, las aspiraciones y el sistema de valores de la sociedad de consumo en que estamos inmersos. As?, aunque no proclama el camino de la vida eterna y de la plena bienaventuranza que un d?a ense?ar? Jes?s, prepara la revelaci?n evang?lica.

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El Salmo responsorial exclama: ?Se?or, t? has sido nuestro refugio de generaci?n en generaci?n. T? reduces el hombre a polvo, diciendo: ?Retornad, hijos de Ad?n? Mil a?os en tu presencia son un ayer, que pas?; una vela nocturna? (Sal 89,3-6)..?

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El Ap?stol San Pablo exhorta a los Colosenses: ?Ya que hab?is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all? arriba, donde est? Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra... Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revest?os del nuevo (Col 3, 1-5.9-11).

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Con esta per?copa se inicia la secci?n paren?tica de la carta; se abordan temas de la ?tica y moral cristiana; el fundamento de la conducta cristiana se halla en la vida nueva del hombre en Cristo, Muerto y Resucitado por todos. El cristiano ha de reproducir la imagen del Resucitado en su conducta de todos los d?as. Es "conocerlo" "estar en Cristo", unidos con El, ser miembros suyos, todo esto tiene exigencias no exactamente morales, sino ontol?gicas.

Con sus exhortaciones morales prepara el gran cambio que conlleva el paso del hombre viejo al nuevo; si el cristiano sigue siendo y viviendo igual que si no tuviera fe est? traicionando lo propio del hombre nuevo: la vida nueva. Vivir como creyentes, es vivir siempre en novedad; es la transformaci?n del bautismo, que implica un nuevo comienzo. El hombre llega a ser un nuevo hombre, un nuevo Ad?n (1 Cor 15, 45), una nueva imagen de Dios (Col 1, 15); el hombre encuentra en Cristo su verdadera humanidad. Por eso ya no tiene sentido la diversidad de razas, de formas de ser o pensar, ya que todo es Cristo. Ya no hay distinci?n entre jud?os y gentiles, circuncisos e incircuncisos, b?rbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la s?ntesis de todo y est? en todos?. Lo que Qoh?let ansiaba (1?.lectura) se hace realidad en el hecho de Jes?s: ?l asocia al que cree en ?l a una novedad radical. El que a?n no se ha dado cuenta de la novedad de su propio bautismo es como un cristiano de alma vieja. Si es que a?n no hemos experimentado esta novedad es porque tal vez a?n no nos hemos decidido a romper con las obras de la vieja condici?n humana. Todo lo que significa romper y rasgar produce dolor; pero es la ?nica forma de crear la vida.

El hombre viejo es el que no se ha desprendido de las afecciones humanas, sigue apegado a las cosas de abajo. El hombre nuevo es el que se ha renovado, abierto a la acci?n del Esp?ritu, que ha renacido en agua y esp?ritu a las cosas de arriba y vive la ?tica emergente de la fe, firme, duradera y consistente, y respira la vida nueva del hombre en Cristo. San Pablo exhorta a aspirar a las cosas de arriba, es decir, una vida renovada en Cristo Jes?s y en oposici?n a las cosas de abajo; no se trata de una depreciaci?n de las llamadas "realidades terrestres", sino que, precisamente, por el triunfo de Jes?s, hasta lo terrestre adquiere sentido, pero en el mismo Jes?s.

El Ap?stol proclama abiertamente que hemos sido rescatados de la esclavitud de la ley y constituidos hijos de Dios (G?l 4,1-9). La salvaci?n en Cristo, al hacernos hombres nuevos, nos hace tambi?n hombres libres e iguales, ya no hay diferencias. Y, objetivamente, ?sta, no hay otras, es la ?nica y aut?ntica libertad: la que Cristo nos ha reportado. De modo que, la libertad es el principio regulador de toda conducta humana. As? pues, seremos plenamente libres, si hacemos el bien en fuerza de un dinamismo interior y no simplemente, porque hay una ley que desde fuera nos lo ordena. S?lo es aut?nticamente libre el que puede regalar su libertad.

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El santo evangelio seg?n San Lucas (12,13-21) plantea el asunto de la riqueza a trav?s de una discusi?n, por una herencia, tan corriente en las familias y entre hermanos. Nos recuerda la obra de Hes?odo, "Los trabajos y los d?as", que parte de un litigio parecido. Jes?s reh?ye la cuesti?n finamente y, aprovechando la oportunidad, propone una par?bola, que especifica su ense?anza certera sobre la codicia y la riqueza.

??????????? La par?bola expone la relaci?n que debe tener el hombre con las cosas, con el ser y el tener. En apariencia el rico se comporta como un administrador sabio y prudente, pero ser rico ante Dios significa buscar el reino de Dios, aceptar su voluntad, entrar en comuni?n con Cristo.

Se aprecia en la par?bola la tremenda soledad de ese hombre, rico y avaro; es, sin duda, un aspecto enormemente lastimoso y terrible. Vive aislado y solo, ?nicamente se? tiene a s? mismo y su cosecha, su compa??a es la zozobra y la inquietud por los dineros y el modo de custodiarlos. Cuenta y sopesa su renta, le preocupa la cantidad, lo sofocan las previsiones y su conservaci?n. Est? obnubilado, su objeto e inter?s son atesorar y acumular los bienes materiales. Su coraz?n s?lo ve el dinero y su acopio. Se ha identificado con sus posesiones y riquezas. Ya no es hombre, es su cosecha. Est? vac?o, su vida es el haber. La codicia no s?lo es incapaz de hacer vivir m?s o menos, sino que adem?s incapacita para el desarrollo de las propias capacidades. Jes?s resalta la primera: la capacidad de relaci?n con Dios. Matando esta capacidad, la codicia mata al propio codicioso.

La riqueza exige reparto, justa distribuci?n y comunicaci?n; existe en relaci?n a los dem?s, requiere el acto libre y equitativo de compartirla con los otros, en el desprendimiento y el despego del alma. Por eso, el Maestro en el esencial Serm?n del Monte declara: ?Bienaventurados los pobres en esp?ritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,3). Frente a ello, el acumular, conservar, proteger, atesorar, guardar y esconder cosas es la necedad que acarrea la desdicha, la infelicidad y la p?rdida. Poner el alma en el dinero, como dice San Pablo, ?es una idolatr?a?, es adorarlo, divinizarlo, hacedlo el dios Mach?n, por tanto ?enterrad todo lo terreno. En lugar de un medio, para servir, compartir, ayudar y vivir, se convierte en objetivo ?nico, en fin primordial, que somete, esclaviza; lo sacrifica y arruina todo y a todos. Este, al que se llama necio, se olvid? de la inexorable muerte. Pero es que, ya, mucho antes, andaba muerto. Lo mata la ambici?n del tener y poseer, su ego?smo lo deja sin futuro, no sabe que la seguridad y la vida se hallan en dar, en entregar, en compartir y comulgar con el pr?jimo. Por la posesi?n de un poco, lo pierde todo.

??????????? El cristiano es un expropiado total de todas las cosas, porque es due?o y amo de todo. Las cosas aprisionan, los objetos mundanos reducen las dimensiones de nuestro coraz?n, que se empeque?ece y empobrece y se cierra con aquello a lo que se repliega. La posesi?n es sobre todo limitaci?n de libertad. La avaricia es la falsificaci?n de la propia vida, pues las cosas no se dejan atrapar, de ah? que al identificarse con la posesi?n, se produce el vac?o y al llegar la hora final, quedan all?. La cosa, escapando de sus manos, persiste, con tozudez, ?ajena? a ?l, aunque la apriete y retenga, precisamente porque pretende cogerla y retenerla, huye, se r?e burlona y queda intacta, intocable. Siempre lo dejar? insatisfecho. A pesar de sus planes, ?l se va en breve y sin previo aviso, ?para qui?n ser?n?

La tierra pertenece a los ?mansos?, a aquellos que nada reivindican. La idea que presenta hoy el Maestro es ser rico o pobre ante Dios. Es pobre ante Dios el que almacena dineros para s?, negado a los bienes del Reino y al compartir con los dem?s; es rico, en cambio, el que pone su coraz?n y su vida centrados en Dios y dedica al servicio de los dem?s lo mucho o poco que tiene, su abundancia o su escasez. El desprendimiento de lo terreno lleva a visualizar lo invisible, descubre el secreto de la naturaleza, el gozo del hombre y del riachuelo, de la poes?a y la felicidad, la contemplaci?n de la sim?trica creaci?n. Es el signo de la liberaci?n en la alegr?a, liberada de angustia.

El cristiano, frente al usurpador avaro que busca la seguridad en los bienes terrenos, es el hermano, el contemplativo, el hombre de la amistad y del encuentro, que entabla y pide "comunicaci?n". No vive y se detiene en las cosas, no se cierra, no acapara y rechaza; muy al contrario, se abre a la verdad de las cosas, avanza, se entrega, da y comparte, contempla y ama. Reside en la alegr?a de dar.

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????????????????????????????????????????????????????????????????? Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 21:21
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