Domingo, 22 de agosto de 2010

Domingo XIV T. Ordinario. Ciclo C
Is 66,10-14; Sal 65,1-7.16.29; G?l 6,14-18; Lc 10,1-12.17-20

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En aquel tiempo, design? el Se?or otros setenta y dos y los mand? por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir ?l.

Y les dijo: ?La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al due?o de la mies que mande obreros a su mies. ?Poneos en camino! Mirad que os mando, como corderos en medio de lobos. No llev?is bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no os deteng?is a saludar a nadie por el camino. Cuando entr?is en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si all? hay gente de paz, se posar? sobre ellos vuestra paz; si no, volver? a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No and?is cambiando de casa. Si entr?is en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Est? cerca de vosotros el reino de Dios". Pero en el pueblo que entr?is y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos. De todos modos, sabed que est? cerca el reino de Dios".

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La primera lectura del libro de Isa?as (Is 66,10-14): El ?ltimo cap?tulo de este libro, obra del llamado ?Tritoisa?as?, profeta an?nimo, nos invita a la alegr?a: ?Festejad a Jerusal?n, Yo har? derivar hacia ella, como un r?o, la paz?. Quiere llevar a los desilusionados israelitas un mensaje de consuelo y de esperanza.?

La per?copa habla del renacer de un nuevo pueblo mediante la imagen de un parto inesperado. La tierra de Jud? que ten?a a sus hijos en el destierro (=muertos) han vuelto (=renacer). El parto ha sido milagroso, el pueblo nace antes de que la madre sienta los espasmos del parto (=sin guerras, sin revoluciones...). Jerusal?n madre de ubres abundantes, ser? capaz de saciar todos los deseos, hasta ahora insatisfechos, de los que volvieron del destierro. Madre no s?lo fecunda sino tambi?n tierna, femenina, que lleva a sus hijos en brazos y acaricia a los hambrientos de consuelo y de liberaci?n. Y el poeta se siente tan seguro de esta realidad esperanzadora que invita ya al pueblo al gozo y a la alegr?a. El parto inesperado y milagroso de la nueva ciudad debe transformar los sentimientos de sus hijos: el luto se convierte en alegr?a, "... el traje de luto en perfume de fiesta..." (61,3.10), los huesos ?ridos y calcinados florecen como el prado (v. 14).

El profeta presenta al mismo Dios, como una madre llena de ternura que acoge entre sus brazos al pueblo: ?Como un hijo al que su madre consuela, as? os consolar? yo, y en Jerusal?n ser?is consolados?. Es tal vez ?ste el ?nico pasaje de todo el AT en que expresamente Dios se autopresenta bajo la comparaci?n de una madre. Aunque otras veces se habla del amor entra?able de la madre (cf. Is 49,15), es aqu? donde aparece de forma directa la ternura de Dios; y esta ternura es capaz de convertir lo ?rido, la angustia, la desolaci?n, en verdor, gozo y esperanza. La acci?n salvadora de Dios es fuente de gozo y de vida, para un pueblo herido y desconsolado que debe reconstruirlo todo despu?s de la noche y de la cruz del exilio: ?Al verlo se alegrar?n, sus huesos florecer?n como un prado?.

Los verdaderos servidores de Dios se alegrar?n de una Jerusal?n renovada (vv. 7-14), los imp?os sufrir?n un gran castigo (vv. 15-17). En el fondo, lo que decidir? la suerte de todos los hombres es su docilidad o su hostilidad hacia Dios. No hay posibilidad de resurgimiento espiritual sin la renovaci?n personal e interior.

Con este nuevo re-nacer brota la paz y la abundancia. Paz como culmen del progreso, del desarrollo. El sufrimiento del pueblo debe desembocar en alegr?a, en resurrecci?n, en progreso (v. 12; cfr. 60,5s.13: 61,6). La palabra paz expresa algo m?s que la pura ausencia de guerra. Teol?gicamente la paz es un don de Dios (N?m. 6,26) y signo de su bendici?n (Sal 29,11). El realismo b?blico no separa nunca la paz interior (o espiritual) de la paz exterior, de la no-guerra: ?sta es signo de aquella y la primera anuncia y condiciona la segunda (sal 122,6-7). En este pasaje de Isa?as la paz incluye los matices de salud, fecundidad, prosperidad, amistad con Dios y con los hombres. Porque sin justicia no hay paz cuando realmente no hay tal paz (Ez 13, 10).

Israel cuenta siempre con el consuelo y el perd?n de Dios (cf. Jer 31,20). Cuando Dios ha hecho la paz con el hombre es que es posible la paz entre los hombres.

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El Salmo responsorial:

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Aclamad al Se?or, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: ?Qu? temibles son tus obras? (65,1-7.16.29).

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Segunda lectura de la carta del Ap?stol San Pablo a los G?latas

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San Pablo, en el ?ltimo p?rrafo de esta carta, afirma: ?Dios me libre de gloriarme, si no es en la cruz de Nuestro Se?or Jesucristo, en la cual el mundo est? crucificado para m?, y yo para el mundo? (G?l 6,14-18).

Les confiesa que el centro de su experiencia espiritual y de su actividad misionera es solamente la cruz de Cristo. Los G?latas estaban tentados a construirse una religiosidad hecha de pr?cticas y ritos sin provecho real, una vida religiosa fundada en la ideolog?a legalista de los grupos jud?os de la ?poca. Pablo sostiene con fuerza que s?lo la vivencia de la cruz, como donaci?n de amor sin l?mites a Dios y a los dem?s, es fuente de nueva vida: ?Lo que importa es el ser una nueva criatura?. La esencia no est? en las pr?cticas religiosas, sino en la novedad de una vida fundada en el amor efectivo hacia los dem?s, a imagen de Jes?s. Y para lograrlo no hay otro camino que la Cruz.

S?lo la Cruz nos arranca de la seducci?n del mundo y del peligro de caer en la esclavitud interior del pecado, de la carne y de la ley. La Cruz marca la vida y la misi?n del cristiano a trav?s de gestos de sacrificio y de amor. Lo que la vida misma tiene de abnegaci?n, se transforma en asc?tica cristiana, que se motiva con amor y nos impele a seguir la llamada de Jes?s, para cargar cada d?a con nuestra cruz. La ascesis primordial, sin embargo, brota en primer lugar de las exigencias en las actitudes y en el sacrificio f?sico que impone el compromiso cristiano.

Lo que m?s importa para Pablo es la figura de Jesucristo; en concreto, Cristo Crucificado, es el ?nico sentido de su vida y quien lo ha transformado, la muerte de Jes?s es lo que ha constituido el mundo, la historia y el hombre en una nueva situaci?n. Y a su vez, la resurrecci?n tiene parte importante y decisiva en esta transformaci?n, que origina la nueva creatura, creada en Cristo, pues, realmente, el cristiano es un hombre nuevo a todos los efectos. Transido de Cristo, eso es lo que a ?l le importa; que todos sean como el Se?or, lo dem?s no cuenta.

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Lectura del santo evangelio seg?n San Lucas hoy, trae un mensaje para toda la comunidad cristiana representada en los setenta y dos disc?pulos que env?a Jes?s (10,1-12.17-20).

San Lucas se?ala que la responsabilidad de la evangelizaci?n es de todos los creyentes y no s?lo de los sacerdotes y misioneros. El Evangelio impone una misi?n universal a todos, en acci?n comunitaria, es la Iglesia entera la que evangeliza. Se trata de una instrucci?n catequ?tica de Jes?s a todos los evangelizadores. Indica la necesidad y la urgencia de la evangelizaci?n, ?La mies es mucha?marchad?.

La misi?n de los 72 disc?pulos significa el aumento del n?mero de los enviados por Jes?s; es alargar la misi?n de los Doce, grupo hist?rico e irrepetible constituido por Jes?s, para indicar la importancia fundamental de tal misi?n en la comunidad eclesial. Los ?72? disc?pulos evocan los ancianos de Israel, que colaboraron con Mois?s en la funci?n de guiar al pueblo en el desierto (Num 11,24-30), imagen de la Iglesia; o el n?mero de las naciones paganas seg?n la ?tabla de las naciones? en Gn 10. El n?mero 72, viene a ser, pues, el fundamento, los ancianos y los destinatarios de la misi?n, todos los pueblos de la tierra.

???????? La misi?n conlleva unas exigencias relevantes: La oraci?n, el anuncio y la pobreza.

La oraci?n que es la fuente y la ra?z por la que el misionero realiza su trabajo. La fecundidad de la obra evangelizadora nace del contacto vivo y personal con Dios, que es ?el due?o de la mies?. La misi?n es gracia que nace de la oraci?n a trav?s de la que Dios genera y env?a nuevos obreros al servicio del Reino; por la oraci?n los disc?pulos comprenden que la iniciativa de la misi?n es prerrogativa absoluta de Dios, que llama y env?a, y por la que se ponen precisamente en disposici?n del proyecto de Dios en la obra misional.

En el anuncio urgente, sereno y valiente del Reino de Dios, el evangelizador realiza su misi?n urgido por el Reino de Dios. En aquel ambiente oriental saludar a alguien por el camino era algo que ordinariamente tomaba mucho tiempo; as? Jes?s les manda que ?no se detengan a saludar a nadie por el camino?, que no pierdan tiempo, que aviven la proclamaci?n del evangelio, todo lo dem?s es secundario. Al evangelizar, han de ser serenos y pac?ficos, aun cuando se encuentren en situaciones hostiles de incomprensi?n, persecuci?n o rechazo, actuar siempre como ?ovejas en medio de lobos?. El ap?stol no puede sucumbir a la violencia o la imposici?n forzada del mensaje. Si es rechazado, el misionero ?sacude el polvo de sus sandalias?, en un gesto p?blico que lo separa de quienes no acogen el Reino, signo de paganos, aunque repitiendo siempre con confianza que ?el Reino de Dios est? cerca?.

Y, por ?ltimo, la pobreza, virtud imprescindible que muestra el estilo con que el disc?pulo anuncia el Reino. El enviado por Jes?s cumple su misi?n bajo la gratuidad y la esencialidad, pues testimonia la salvaci?n que es don generoso de Dios. El misionero no es un asalariado interesado por el dinero, sino un creyente que vive la providencia amorosa de Dios y anda absorto en la palabra, ajeno a las preocupaciones materiales; recibe lo que le ofrecen y dona lo que es y lo que tiene, la paz del Reino, poniendo de manifiesto en todo momento su amor activo y solidario por los que sufren a imagen de Jes?s.

El gozo aut?ntico que brota de la misi?n, al regreso, es reflejo de la esperanza de la comunidad cristiana, que ve, c?mo se extiende y fructifica el Reino y la Palabra de Cristo. El mal ?cae? ante la fuerza arrolladora e irresistible del Evangelio. Los disc?pulos se llenan de gozo, ven que el mal se somete al ?nombre de Jes?s?. La frase, ?est? cerca el Reino de Dios?, puede interpretarse, como que ?ha llegado el Reino de Dios?. El reino de Dios se identifica con Jes?s; ellos anuncian al Jes?s que llega, o mejor, al que ha llegado ya. El simbolismo es festivo y feliz. Jes?s es el Se?or, las fuerzas del mal est?n desarmadas. Tenemos, pues, una descripci?n del final de los tiempos, tal y como este final era imaginado entonces, con toda su carga de s?mbolos fant?sticos. La alegr?a de la fe y de la misi?n, no se basa en el ?xito de la predicaci?n, sino en el hecho de que el Reino est? cerca y lo comprueban al ser enviados por Jes?s. Por tanto, han de huir de la visi?n triunfalista y entusiasta fundada en el ?xito humano o el poder eclesi?stico.

El verdadero evangelizador no se goza de sus logros, sino que centra toda su alegr?a en la funci?n realizada gracias al amor de Dios. Su gozo es haber sido elegido para anunciar la Palabra del Reino. El mundo necesita que los creyentes proclamemos con nuestro testimonio el significado salv?fico de la persona y de la palabra de Jes?s. Como cristianos tenemos que ofrecer al mundo nuestro mayor tesoro y ?se es Jes?s y su palabra, su servicio, su entrega. Hay que hablar de Dios y de lo que supone la experiencia liberadora de Dios en el coraz?n del hombre y del mundo. El Se?or que env?a, pide que demos nuestro testimonio, que nos esforcemos en humanizar, servir, luchar por los cambios m?s favorables a los d?biles. La tarea del cristiano es proclamar que Jes?s ha llegado, tarea urgente y necesaria, para que este fr?o mundo, tome un rumbo diferente y entre en el calor del amor de Jesucristo.

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Camilo Valverde Mudarra

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Publicado por CamiloVMUDARRA @ 19:35
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