Domingo, 11 de febrero de 2007
Domingo VI T. ordinario: (Jr 17, 5-8; Sal 1, 1-6; 1Co 15, 12.16-20; Lc 6, 17.20-26)





Jesucristo hoy anuncia el Reino de Dios a los m?s pobres, que ya estaban presentes en el precioso Himno del Magnificat que enton? la Virgen Mar?a tras la Visitaci?n: ?Ha colmado a los hambrientos y, a los ricos, los despide vac?os?.

El g?nero literario de las bienaventuranzas es un producto semita. Las S. Escrituras las emplean varias veces: (Sal 1,1-3; 31,1; 41,2; Prov 3,13; 8,34; Eclo 14,1; 28,23, ?), ??Maldito el hombre que conf?a en el hombre. Bendito el hombre que conf?a en Yahv? (Jr 17,5-8). ?Dichoso el hombre que se aparta del consejo de los imp?os? (Sal 1,1), lo mismo que los escritos rab?nicos.

Mt y Lc difieren en el n?mero; ordinariamente se admiten ocho en S. Mateo, pero atendiendo a su simple diferenciaci?n literaria, parece que el n?mero es de nueve. Estas nueve ?sentencias exclamativas? forman el exordio solemne del serm?n de la monta?a (Mt 5,3-12) y constituyen una s?ntesis del mensaje evang?lico, como programa de vida cristiana. Al mismo tiempo, se presentan como formas concretas de concebir la felicidad del hombre. Pero, el tercer evangelista expone cuatro: Bienaventurados los pobres, los hambrientos, los que lloran y los desechados y proscritos; en parang?n con otras cuatro imprecaciones que se corresponden en sentido negativo: ??Ay de vosotros los ricos, los hartos, los que r?en y los que gozan de consideraci?n?.

La sociedad actual abocada y sitiada por el relativismo, el hedonismo y el consumismo desecha el esp?ritu cristiano y, por lo mismo, no quiere saber de la mirada misericordiosa de Dios hacia los pobres, los perseguidos por confesar su nombre y la acerada cr?tica contra los que ponen su confianza en el dinero. Las Bienaventuranzas la descolocan y la desestabilizan en medio del fragor de una vida en que prevalecen el vac?o y los valores mundanos.

Jesucristo dirige su palabra indicando el comino de salvaci?n y de bienestar. Palabra que va al coraz?n del hombre, que expresa el amor de Dios por su criatura, que envuelve y estremece invitando a despojarse de la confianza en s? mismo y en las cosas. Se afana el hombre en buscar la felicidad y la alegr?a. Cristo la ofrece en la pr?ctica del amor; en el Serm?n del Monte, define la felicidad, la bienaventuranza. Jes?s propone un estilo de vida que llega con el Reino; da un mensaje de esperanza, una palabra de aliento; comunica la verdadera felicidad fundamentada en el desinter?s y el amor a la justicia que es la voluntad de Dios. Hay que estar en disposici?n de acoger la mirada de Dios en Jesucristo, palpar en el alma el Reino de Dios y, sabi?ndose amados, desprenderse de todo, para que Dios entre y colme plenamente el ser. Despojados y desprendidos de los afanes, se alcanzar? la felicidad: ?Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios?, y el Reino de Dios, es el tesoro escondido por el cual se vende todo y se busca y adquiere. Para tener de verdad a Dios, se han de dejar los ?dolos, los dioses falsos: intereses, prestigio, riqueza y poder.

El orgullo y el enriquecimiento cierran la disposici?n y ciegan la visi?n de la verdad evang?lica. El Evangelio abre al amor, ilumina la fe y lleva al conocimiento del Reino. Las Bienaventuranzas conducen a Jesucristo y a valorar su mensaje.



Camilo Valverde Mudarra
Publicado por CamiloVMUDARRA @ 21:27
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