Viernes, 03 de febrero de 2006
SER PRIVILEGIADO

Camilo Valverde Mudarra



La personalidad femenina es rica y muy compleja. La personalidad es el comportamiento, en el equilibrio existencial del esp?ritu, que muestra la ?yoidad? ante circunstancias y est?mulos externos. La persona est? en el amor y en el sentimiento, en la risa y en el llanto, en la vida y en la muerte, se encuentra en la actividad personal del ?yo? entroncado en la existencia.
En las distintas religiones y mitolog?as, la mujer es un ser privilegiado. Nace en el ?ltimo episodio generativo, como el culmen de la obra art?stica. En la met?fora b?blica, no surge del polvo y del barro como el var?n, sino de algo m?s noble, humano y vital; y en el ?no es bueno que el hombre est? solo?, se constata una carencia masculina, una imperfecci?n, la falta del trazo definitivo, la pincelada de perfecci?n que ha de completar el cuadro. La mujer viene a ser el complemento necesario.
La mujer es melod?a y poes?a, es ternura y momento. Vive el detalle, la concreci?n y la peque?ez. Su rumbo es la esperanza, la vitalidad y la fortaleza. Derrocha su propio ser que es el cari?o, la seguridad y la moderaci?n. Es la vida, portadora y dadora de la vida y afirmaci?n de la vida, por eso va delante, su visi?n es m?s amplia, admite la innovaci?n y avizora un horizonte m?s ancho. En la penuria y desgracia, es sost?n y b?culo de pacificaci?n. En la percepci?n de la realidad, desecha lo colectivo y viene a lo individual. Es la familia y es la educaci?n. Su condici?n natural de di?logo y de paz contribuir? siempre en este ambiente materialista al crecimiento de individuos que vivan la entrega, el servicio y el amor al pr?jimo, menos violentos y ego?stas. All? donde exista la direcci?n y el ordenamiento de la mujer, la sociedad encontrar? soluci?n a muchos problemas y se crear? un ambiente m?s libre, justo y dialogante.
La mujer ha recibido enormes dones, al tiempo que es dispensadora de gracias a raudales para la humanidad. Por su origen y por esencia ps?quica y f?sica, todo indica que el hombre y la mujer reciben la misma dignidad radical que corresponde a la persona. Es m?s paciente y sufrida, abarca m?s, capta antes, cuando el hombre va, ella viene; gobierna y dirige con mayor raz?n y acierto; y, sobre todo, es madre. La maternidad la encumbra al primer puesto, es cocreadora y dadora de vida. Emperadores, presidentes, cient?ficos, primero, han sido gestados y criados por la madre y madre tienen sus hijos. La mujer no ha escrito la Il?ada, ni la Eneida, el Quijote o Fausto, ni levantado las Pir?mides o el Parten?n, pero ha construido y constituido la humanidad.
Sin embargo, sabemos que, hist?ricamente, en todas las ?pocas y culturas, la mujer ha ocupado un estrato de segundo orden en el entramado civil, p?blico y privado. Ha estado sometida y considerada casi una esclava, un ser sin entidad social ni jur?dica. Tal vez, contribuy?, desde el principio, la conciencia colectiva por la que el hombre sabi?ndola superior, amparado en los largos periodos de gestaci?n y en su fuerza f?sica decidi? relegarla. En ello y en todo el pensamiento occidental, ha pesado sobremanera el relato del G?nesis que responsabiliza, de la transgresi?n y consecuente expulsi?n del Para?so, a dos figuras femeninas: Eva y la serpiente. La E.M. y el Renacimiento imaginaron al perverso animal con rostro de mujer e incluso, un busto de abundantes senos (as?, las Biblias Ilustradas ?D?ptico de la tentaci?n? de Hugo van der Goes s. XV). Ambas son las causantes de la desgracia, introducen el mal en el mundo con terribles consecuencias. Una seduce, es la tentadora, la otra se deja tentar. Representan la desobediencia en la historia, la maldad y la debilidad. Y el hombre, un ingenuo e in?til, que se deja arrastrar, como dice san Pablo.
La mujer ha soportado la postergaci?n social, hasta que ya no aguant? m?s. Pero, sigue sometida. En la interacci?n humana, contin?a el sometimiento del macho bruto. Este terrible goteo de muerte y sangre al que, at?nitos, asistimos a diario, no es soportable ni permisible. Son muchas las muertes, muchos los energ?menos. Las leyes existentes, se comprueba, que son insuficientes. La sociedad ha de reflexionar, detenerse y adoptar las medidas necesarias para cortar este r?o de sangre de los malos tratos y la violencia dom?stica.
Esta masacre violenta es una de las m?s f?tidas lacras sociales. Son muchos ya los cr?menes y se calculan dos millones de mujeres que viven, sometidas y atemorizadas, en el maltrato. Se precisa prevenci?n y educaci?n, protecci?n y defensa de las v?ctimas y sanci?n al agresor. Muchas han ca?do pese a la orden de alejamiento y tras haber denunciado el hecho reiteradamente. Hay que aumentar la dotaci?n econ?mica y policial, sin recursos volveremos a la misma situaci?n. Se precisa incidir en la educaci?n; se trata de individuos montaraces, criados en la incorrecci?n, en la permisi?n de sus instintos y en la facilidad de la concesi?n, faltos de la disciplina, de la resignaci?n y del cumplimiento responsable del deber; exigen derechos y desprecian la obligaci?n; ignoran el respeto, la paciencia, el sometimiento y el riego continuo del calor del hogar con el abrazo diario y la exigencia personal y com?n. El adulto se conforma en la infancia y la mejor ense?anza se recibe por el ejemplo.
No es pol?tica reivindicativa y falsa liberaci?n lo que demanda su entidad, sino la destrucci?n de antiguas concepciones y la consideraci?n exacta que le concierne en su trascendencia, en su absoluta peculiaridad e indefectible esencia personal.
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Camilo V. Mudarra es Lcdo. en Filolog?a Rom?nica
Catedr?tico de Lengua y Literatura Espa?olas,
Diplomado en Ciencias B?blicas y poeta.





MATRIMONIO

Camilo Valverde Mudarra

Desde antiguo, en diferentes culturas, era costumbre concertar el matrimonio por decisi?n patriarcal, anteponiendo razones sociales, pol?ticas y econ?micas al aserto y al conocimiento de los j?venes. No se les hab?a consultado, ni se hab?an visto antes de la boda. Los apetitos naturales por el cauce normal del instinto lograr?an, con el auxilio del tiempo, el brote del sentimiento y del afecto. Este acuerdo cobraba validez moral s?lo en el momento en que los contrayentes daban su consentimiento sin coacci?n ni miedo alguno y se ten?a la certeza de que surgir?a el amor mutuo entre los esposos.
El atractivo y el afecto, a?n en ?poca de los patriarcas, han estado en la base y fundamento de la uni?n matrimonial. Jacob trabaj? durante siete a?os que le parecieron un d?a por amor a Raquel; y a Ana, madre de Samuel, su marido le patentiza su amor. La atracci?n es la tensi?n entre sexos que se concreta en el ?otro?. Se resuelve en el hallazgo del complemento, de la madurez y riqueza en el ser.
El impulso sensitivo ha de venir a formar un todo compacto con aquel supremo amor que S. Pablo denomina ??gape?. Es el amor total, ?paciente, servicial, no envidioso, no se pavonea, no se engr?e; no ofende, no busca el propio inter?s, no se irrita, olvida las ofensas; no le alegra la injusticia, le gusta la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera? (1Cor 13,4-7). El matrimonio que no se funde y rija por este programa de vida est? abocado a la ruina. Por eso, presenciamos todos los d?as tantos fracasos tantas rupturas, porque los materiales empleados en su construcci?n han sido ruinosos y fr?giles. Necesita seriedad y reflexi?n, preparaci?n y formaci?n en su nacimiento y frecuente riego con la paciencia, con la disculpa con la tolerancia, y la alegr?a en su crecimiento. El ?gape, altruista y desprendido, alejado del yo vive en y para el t?. Busca, como de modo natural, la dicha y comprensi?n del otro, sin idealizarlo, acepta su ser con defectos y debilidades, para cumplir juntos el deber cotidiano.
El fin inmanente a la instituci?n natural del matrimonio es doble: la generaci?n y educaci?n de los hijos y la uni?n de vida en com?n robustecida por el amor. Sin la primera, esto es, si se evita la procreaci?n deliberadamente, la segunda, la uni?n natural languidece y la comuni?n de vida se va perdiendo hasta que desaparece. En el ambiente que respiramos, se han introducido muchos modismos y formas que intentan destruir el matrimonio y la familia; nuestra respuesta ser? la de S. J.Crisostomo: ?No me cites leyes que han sido dictadas por los de fuera?Dios no nos juzgar? en el d?a del juicio por aquellas, sino por las leyes que ?l mismo ha dado?.
La familia es la c?lula viva del cuerpo social, si se ataca y destruye, se desmorona la sociedad y quedar? expuesta a la barbarie. La familia es el n?cleo primario de ayuda mutua y de educaci?n de los hijos en virtud del sacramento del matrimonio. Ya lo expresaba el Vaticano II: ?los c?nyuges?. (LG 11)
La descendencia, el ?creced y multiplicaos?, es un fin natural e inmediato querido por Dios al instituir el matrimonio y, a la vez, es el t?rmino natural que confirma la l?gica humana de modo directo. La educaci?n de los hijos se integra de modo coherente en el deberes de los c?nyuges dentro de la unidad familiar, como ya dijo P?o XI: ?insuficientemente, en verdad, hubiera Dios sapient?simo provisto a los hijos y, consiguientemente, a todo el g?nero humano, si a quienes dio potestad y derecho de engendrar no les hubiera tambi?n atribuido el derecho y deber de educar. por mandato de la naturaleza y de Dios, este derecho y deber de educar a la prole pertenece ante todo a quienes por la generaci?n empezaron la obra de de la naturaleza y absolutamente se les prohibe que, despu?s de empezada, la expongan a una ruina segura, dej?ndola sin acabar? (Casti Connubii).
La madre representa la ra?z educadora del ni?o en la ternura y mayor dedicaci?n y el padre, la autoridad. Pero, es necesaria la labor conjunta de los padres para lograr lo que es una obligaci?n de justicia a la prole. Y, al mismo tiempo, para educar hay que esta preparado; sin una s?lida formaci?n no se puede ense?ar. Y la primera lecci?n que los padres han de dar a sus hijos es la del ejemplo; las palabras vuelan y los ejemplos arrastran. El ni?o es una esponja y recoge todo lo que ve y oye; su personalidad futura depende del aprendizaje correcto en su primera etapa infantil; las primeras papillas lo condicionan para siempre. En muchos casos, la inhibici?n, la agresividad, la culpabilidad, la violencia y la irresponsabilidad se genera en una infancia negativa. All?, se desv?a, se impide, obstaculiza y se pierde. El ni?o que respira un aire cristiano, responsable, de respeto y tolerancia, de servicio, y sacrificio, de amor y alegr?a, de renuncia a diversiones y ego?smos, ser? un hombre entero y maduro. La entereza vendr? de la formaci?n de una recia voluntad, que exige la adquisici?n de h?bitos por medio de la pr?ctica de peque?os actos para eliminar veleidades y alcanzar la reciedumbre. Es imprescindible encauzar los impulsos, las tendencias y las pasiones. No se puede hacer dejaci?n de la autoridad; inhibirse y conceder todos los caprichos es deseducar. El mismo hijo busca y pide el principio de autoridad sin el que se siente desorientado, desprovisto y entristecido.
La acci?n educativa de la familia jam?s puede sustituirla ni suplirla la escuela que, m?s tarde, se a?ade y adiciona a aquella. Una educaci?n completa ha de surgir de los padres que son los principales educadores, cuya finalidad, en la formaci?n del car?cter y desarrollo del hijo, estar? en inculcarle el amor al pr?jimo y el recto uso de la libertad.
D?seme un pueblo rebosante de caridad, servicio y solidaridad y levantar? un edificio social feliz, justo, libre y pr?spero.
Publicado por CamiloVMUDARRA @ 22:29
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