Domingo, 29 de enero de 2006
El g?nero literario de las bienaventuranzas es un producto semita. Las S. Escrituras las emplean varias veces (Sal 1,1-3; 31,1; 41,2; Prov 3,13; 8,34; Eclo 14,1; 28,23, ?), lo mismo que los escritos rab?nicos.
Mt y Lc difieren en el n?mero; ordinariamente se admiten ocho en S. Mateo, pero atendiendo a su simple diferenciaci?n literaria, parece que el n?mero es de nueve. Estas nueve ?sentencias exclamativas? forman el exordio solemne del serm?n de la monta?a (Mt 5,3-12) y constituyen una s?ntesis del mensaje evang?lico como programa de vida cristiana. Al mismo tiempo, se presentan como formas concretas de concebir la felicidad del hombre.
Las bienaventuranzas definen las disposiciones interiores que conforman al hombre con la voluntad de Dios: Unas, el grupo m?s numeroso, cualifican la actitud del creyente ante Dios y otras dos, la de los misericordiosos y la de los que trabajan por la paz, llamadas ?activas?, designan disposiciones del coraz?n que han de inspirar al cristiano en sus relaciones con el pr?jimo.
Bienaventurados los pac?ficos, los pacificadores, los que activamente aman, buscan y se comprometen con la paz; de ah? que la mejor versi?n sea aquella de ?los que trabajan porque se implante la paz en el mundo, ellos ser?n llamados hijos de Dios?. Son hombres como S. Pablo, S. Francisco de As?s, S. Juan de Dios, Martin Luther, M. Gandhi, Teresa de Calcuta y tantos otros que callada y silenciosamente dedican todas las fuerzas de su vida a la oraci?n y a extirpar del coraz?n humano el odio y la violencia para que reine la paz en este mundo.
En esta s?ptima bienaventuranza, no se beatifica a los pac?ficos est?ticos, o a los de temperamento pac?fico y de natural tranquilo, sino a los din?micos en el ejercicio de esta virtud: los hacedores de paz (Son los constructores de la paz, los que, por amor a Cristo, por una virtud efectiva, se dedican a edificar la paz. La realizaci?n de la paz en la vida del cristiano tiene un aspecto interno que consiste en el comportamiento personal de la voluntad de vivir en paz con los dem?s y para los dem?s. ?La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, os la doy yo? (Jn 14,27). Y as? aconseja el Ap?stol: ?Corresponded a sus desvelos con amor siempre creciente. Vivid en paz entre vosotros? (1Tes 5,13). ?Alegraos, buscad la perfecci?n, consolaos, vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estar? con vosotros? (2Cor 13, 11). ?En cuanto de vosotros depende haced todo lo posible para vivir en paz con todos? (Rom 12,18). El cristiano ha de promover la paz a imitaci?n de la obra sustancial de Cristo en la b?squeda constante de la virtud y la perfecci?n; ?para que se?is hijos de vuestro Padre Celestial? Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto? (Mt 5, 54.48); y en Santiago 3,18: ?El fruto de la justicia se siembra en la paz, para los que obran la paz?.
El contenido de la bienaventuranza incluye a todo el que busca, difunde y trabaja por la paz; abarca a todos, la misma estructura en que est? redactada lleva a una formulaci?n universal e impersonal
El premio que tendr?n los ?hacedores de paz? es que ser?n llamados hijos de Dios. ?Ser llamados?, en semita significa ser ?reconocido? por tal, ser verdad lo que se dice de uno. Cristo les promete que van a ser hijos reconocidos por el Padre, hermanos suyos y por tanto, coherederos en el reino celestial. Es extraordinario, impensable, la criatura adquiere todos los derechos de hijo en la casa de Dios Nuestro Se?or. ?Y cu?ndo ser? esto as?? La redacci?n lo supone en la fase escatol?gica, lo mismo que el contexto en que se encuadra (vers. 5.6.7): premio en el cielo. Los tiempos usados para indicar el premio de las bienaventuranzas, puestos unos en presente y otros en futuro, no son argumento decisivo, porque la redacci?n es de tipo ?sapiencial? o ?gn?mico? en que los tiempos cuentan menos que el sentido atemporal que encierran y la permuta de los tiempos verbales no suele afectar al concepto. Para una valoraci?n mejor en este punto, se deben tener en cuenta estos dos elementos:
a) El doble concepto que se usa en los evangelios sobre el ?ingreso? en el reino. Unas veces ya est? presente y realizado, otras, sin embargo, se presenta como futuro, pues se piensa en su fase celeste, escatol?gica.
b) El sentido moral de adaptaci?n universal que les haya dado S. Mateo por el sentido ?eticista? de todo su evangelio.
En hebreo, la relaci?n o dependencia se establece frecuentemente con la palabra hijo (ben : hebreo y ?rabe; bar: arameo). En la S. Escritura, a Dios se le llama muchas veces Dios de paz; los ?hacedores de paz? tienen una relaci?n especial con Dios. De ah? la formulaci?n de ?hijo de Dios: ?Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen, para que se?is hijos de vuestro Padre Celestial? (Mt 5, 44-45). Y S. Pablo afirma: ?porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jes?s? sois herederos seg?n la promesa? (G?l 3, 26.29).
Por ?ltimo, se deja notar en esta bienaventuranza una ense?anza o invitaci?n respecto a la forma de fundamentar el reino: no por el fragor de las armas, sino de modo silencioso y espiritual, esto es, ?haciendo, edificando la paz? del reino entre los hombres.

Camilo Valverde Mudarra
Publicado por CamiloVMUDARRA @ 20:11
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